Hay cosas que una espera encontrarse en septiembre: las prisas de primera hora, libros que todavía no han llegado, zapatillas que misteriosamente dejaron de servir durante el verano y esa sensación de que necesitamos una semana de vacaciones para recuperarnos de la vuelta al cole.
Lo que no debería formar parte del lote es que nuestros hijos entren en un aula donde el termómetro marque más de 30 grados.
Y, sin embargo, está pasando.
Este comienzo de curso está dejando casos de aulas por encima de los 30 ºC y comedores donde las temperaturas se disparan aún más. El problema no parece tampoco un episodio completamente aislado: AEMET acaba de confirmar que el verano de 2026 ha sido el más cálido registrado en España desde que comienza la serie, en 1961, y que este año hemos acumulado 61 días bajo ola de calor.
Así que probablemente tendremos que acostumbrarnos a hablar de calor en los colegios con bastante más frecuencia de la que nos gustaría.
El calor en clase no es simplemente una cuestión de comodidad
A veces hablamos de estas situaciones como si el problema fuese que los niños «tienen un poco de calor», pero las temperaturas elevadas pueden provocar deshidratación, agotamiento y, en situaciones extremas, un golpe de calor.
La Asociación Española de Pediatría señala entre los posibles síntomas de un golpe de calor los mareos, vómitos, dolor de cabeza, irritabilidad, taquicardia y una temperatura corporal muy elevada. En los casos más graves pueden aparecer desmayos, pérdida de conciencia o convulsiones.
Obviamente, entre «tengo calor» y un golpe de calor hay muchísimo trecho; no se trata de asustarnos cada vez que nuestro hijo vuelve sudando del colegio. Pero tampoco deberíamos normalizar que treinta niños pasen cinco o seis horas en una habitación a treinta y tantos grados.
¿Es ilegal que un aula esté a más de 27 grados?
Aquí merece la pena hacer una aclaración porque estos días seguramente veréis circular bastante el famoso límite de los 27 ºC.
El Real Decreto 486/1997 establece que los locales donde se realizan trabajos sedentarios deben mantenerse entre 17 y 27 ºC. Pero estamos hablando de una normativa de prevención de riesgos laborales, es decir, de las condiciones de trabajo de profesores y demás trabajadores del centro.
Por tanto, no existe una regla tan sencilla como «el aula ha llegado a 28 ºC y todos los alumnos pueden marcharse a casa».
Las medidas específicas para los centros educativos dependen en buena medida de las comunidades autónomas y de los protocolos que tenga establecido el propio centro, por lo que conviene comprobar qué normativa se aplica exactamente donde vivís.
Qué medidas puede tomar un colegio cuando hace demasiado calor
Los protocolos autonómicos pueden contemplar bastantes más medidas que instalar aire acondicionado.
Por ejemplo, el Plan de actuación ante episodios de altas temperaturas de la Comunidad de Madrid contempla utilizar espacios más frescos, impartir algunas clases fuera del aula y a la sombra, revisar actividades complementarias y extraescolares, facilitar la hidratación y recomendar prendas adecuadas.
Otros protocolos autonómicos incluyen medidas parecidas: modificación de actividades, adaptación de horarios, reducción del ejercicio físico, ventilación o flexibilización de la jornada en situaciones concretas.
Es decir, que muchas veces sí existen herramientas para actuar. Otra cuestión diferente es si se están utilizando, si son suficientes o si el edificio permite aplicarlas de manera eficaz.
Si en el colegio de tu hijo hace un calor insoportable, empieza por preguntar por el protocolo
Antes de iniciar una guerra en el grupo de WhatsApp —para eso ya vamos a tener otro artículo— yo empezaría por algo bastante más útil: preguntar directamente al centro qué protocolo de altas temperaturas tiene y qué medidas se están aplicando.
No basta con saber que «hace muchísimo calor». Si el problema es recurrente, es útil conocer la temperatura real de las aulas y en qué momentos del día se alcanzan los máximos. No es lo mismo hablar de sensaciones que poder decir que determinada clase llega de forma habitual a 32 o 34 ºC.
A partir de ahí, el centro puede explicar qué está haciendo: cambio de aula, modificación de actividades, uso de zonas de sombra, ventilación, acceso constante al agua o reducción temporal de determinadas actividades.
Si la situación persiste y las familias consideran que las medidas son insuficientes, tiene bastante más sentido plantearlo conjuntamente a través del AMPA o AFA y, si fuese necesario, consultar a la administración educativa o a la inspección correspondiente que limitarse a protestar de forma individual.
Agua, ropa ligera y una pequeña conversación antes de salir de casa
Mientras se resuelve lo que corresponde al colegio, nosotros también podemos reducir parte del riesgo.
En estos días tiene sentido que lleven una botella o cantimplora que puedan rellenar, ropa ligera y transpirable y, cuando el centro lo permita, evitar prendas especialmente calurosas.
Y explicaría a los niños algo muy sencillo: si empiezan a sentirse mareados, con dolor de cabeza, náuseas, debilidad o especialmente mal, que no esperen a que se les pase y avisen a un adulto.
Parece obvio, pero ya sabemos que hay niños capaces de aguantar cualquier cosa con tal de no llamar la atención en clase.
En casa también puede venir bien repasar medidas básicas para el calor; en el blog tenéis esta guía sobre cómo proteger a los niños del sol.
Especial cuidado si hay una enfermedad previa
Si vuestro hijo tiene alguna enfermedad crónica, toma medicación o presenta alguna circunstancia que pueda aumentar su vulnerabilidad frente al calor, no esperaría a que apareciese un episodio extremo para hablarlo con el colegio.
Sanidad mantiene activo durante los meses cálidos el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud y recomienda extremar las medidas de prevención en grupos especialmente sensibles.
En esos casos merece la pena acordar previamente qué hacer si se activa una alerta, quién debe ser avisado y qué medidas específicas necesita el niño.
El problema de fondo no va a desaparecer cuando llegue octubre
Quizás dentro de unas semanas bajen las temperaturas y todo esto vuelva a desaparecer de las conversaciones hasta junio. Pero probablemente ese sea precisamente el error.
AEMET acaba de registrar el verano más cálido de toda la serie histórica y 61 días bajo condiciones de ola de calor en Península y Baleares. Si los episodios extremos empiezan cada vez antes y terminan cada vez más tarde, adaptar los centros escolares deja de ser una mejora de confort para convertirse en una cuestión bastante más básica.
Mientras llegan las reformas importantes —aislamiento, sombra, ventilación adecuada o climatización allí donde sea necesaria—, por lo menos deberíamos saber qué medidas existen y exigir que se utilicen cuando las temperaturas hacen imposible estar razonablemente bien dentro de un aula.
¿En el colegio de vuestros hijos habéis tenido problemas con el calor estos primeros días? ¿Tiene el centro algún protocolo o habéis tenido que buscar soluciones sobre la marcha?









