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Cuando olvidas cómo ser la mamá feliz

Un día, jugando con mis hijos, me di cuenta de que no era capaz de, sencillamente jugar y disfrutar. Tenía tantas cosas en la cabeza que no era capaz de pararme a disfrutar ese pequeño gran momento.

Estaba acostumbrada a estar pendiente de demasiadas cosas, de saltar de una urgencia a otra, de un «tengo que» al siguiente: «tengo que hacer la compra, revisar los deberes del mayor, tengo que pedir vez al pediatra, coser el botón del baby de la pequeña, que no se me olvide hacer X en el trabajo, tengo que encontrar un momento para teñirme las canas, poner una lavadora y recoger la ropa tendida para hacer sitio, limpiar el baño…»

He sido capaz de sobrevivir durante años durmiendo apenas cinco horas, con infinidad de patadas y despertares de mis hijos. He sido capaz, aún así, de acudir cada día a trabajar y cumplir con mi trabajo, cosa que a veces no sé ni cómo he hecho de lo cansada que estaba. He descubierto el modo de tender la ropa para que no se arrugue ni un poco, y así al menos ahorrarme la plancha, de limpiar la bañera mientras me ducho, o de doblar la ropa al tiempo que leo un cuento a la pequeña.

He conseguido lidiar con el estrés , aprendido a rebajar su nivel con ayuda de la meditación, y he descubierto el infinito placer de tomar una ducha cuando no están, para así poder relajarme sin escuchar cómo llaman en bucle: MAAAAAAAAAAAAAAAMAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.

Pero ¿divertirme? ¿Reír? ¿Ser simplemente una madre feliz?

Durante un tiempo pensé que ya no podría hacerlo más, que me me había perdido, que mi alegría se había diluido entre el bullicio y el estrés.

Durante mucho tiempo, cada vez que trataba de jugar un rato con ellos, mi mente en seguida se evadía a repasar la interminable lista de tareas pendientes de hacer. Mientras dibujaban y se reían, yo pensaba en las cosas que había olvidado hacer, clasificándolas de las más urgentes a las menos, las más tediosas, las que ya no podía seguir postergando…

¡Mamá! ¡¡Te toca!!

Y yo pensando en la comida de mañana, o en organizar las vacaciones, o en las habitaciones revueltas, o en la llamada del trabajo que había olvidado apuntar.

Y lo peor de todo es que acompañando de ese agobio siempre venía la culpa. La maldita culpa por no estar más presente, o por no ser más divertida, no inventar planes geniales, no conseguir tener todo bajo control.

Hasta que me di cuenta.

Está en ti.

Y si, estaba en mí. Todo el problema estaba en mí. En querer llegar a todo, en soportar la carga sin quejarme, en pretender llevar una sonrisa cuando en realidad no tenía energía ni para mantenerme despierta. En estar continuamente pensando en lo que necesitaban los demás, y no preguntarme ni una sola vez: ¿qué necesitas tú?

Quizás ahora mismo estés en el punto en que yo me encontraba, totalmente engullida por todo lo que supone para las mujeres tener una familia, preguntándote qué pasa contigo que no te reconoces al mirarte al espejo, y no por tu físico precisamente…

Dime, ¿te lo has preguntado? ¿qué necesitas tú?

Yo, hoy, necesitaba contarte esto. Y quizás ayudarte a parar y pensar.

Si ha funcionado, envíame un mensaje, por ejemplo en un comentario o por aquí, me harás un poco más feliz sabiendo que te he ayudado a volver a ser un poco más tú.

Photo by Daria Obymaha from Pexels

10 Comentarios

  1. No lo podría haber explicado mejor, me has leído la mente y descifrado en nudo en el pecho de esta etapa, pero cada noche me recuerdo lo afortunada que soy y se me va esa culpa generada por todo lo que describes perfectamente, un abrazo

  2. Creo q nos pasa a la mayoría. Este verano va a hacer 4 años q me casé, nuestro hijo tenía 2 años. Un mes antes de la boda tuve una meningitis q me tuvo en el hospital 1 semana (x suerte fue vírica y no tuvo secuelas) fue mi punto de partida para tomarme las cosas con más calma. Ahora disfruto cada pequeño momento q puedo con mis hijos y con mi marido. Necesitamos trabajar para vivir, pero no podemos/debemos vivir para trabajar.
    La familia es para siempre, disfruta de ellos.

    1. Gracias por tus palabras, Inés :* Yo también creo que nos pasa a la mayoría, por eso he querido compartirlo. Reconocerse en otras ayuda a procesar mejor las cosas, ¿verdad? Y vuestros comentarios también ayudan. Gracias <3

  3. Has descrito a la perfección el momento en el que me encuentro, al final del día la culpabilidad me mata por no haber disfrutado de los pequeños momentos con mis bebés.
    En mi caso yo creo que necesito tener cerca a mi madre o a alguien de confianza que me eche una mano con los pequeños (vivimos fuera) y al menos tener un rato en soledad para mi y quizá ahí ser capaz de pensar «qué necesitas?».

    Gracias por expresarlo tan bien 🙂

    1. Gracias a ti por comentar, Laura. Hablas de bebés, así que entiendo que ahora mismo tienes francamente difícil encontrar esos momentos para ti. Pero el tiempo corre que vuela, créeme. Ánimo y cuidate :*

  4. Gracias !! Has sido capaz de expresar con tus palabras lo que siento y soy incapaz de expresar. Qué necesito yo? Todo o quizás nada porque lo tengo todo para ser feliz …. GRacias!!

  5. Es en serio? Yo pensé q era la única a la q le pasaba esto, q pena q pareciera q quejarnos es un delito o peor aún un pecado capital, porq mostrar estrés o cansancio es sinónimo de ser malas madres, también pasé por todo esto, y un día empecé a hacer sindicato. Antes corría para tener la casa hecha una tasita de plata, pero nadie nadie nadie lo veía, a penas llegaban hijas y marido a los 5 minutos la casa era un caos, y nadie agradecía. Cocinaba platos según yo deliciosos haciendo mi mayor esfuerzo sacando recetas de youtube, pero alguien llegaba con un no tengo hambre, no me gusta esto, puedo dejar para más tarde? Ya me llené, en fin y así nadie decía q delicia ahora q ya ni marido tengo he dejado de ser, mi casa anda arreglada a lo q me ayudan los demás, ando de pelea con la cocina y de vez en cuando preparo uno q otro platico exótico y pobre de la q no coma. Disfruto más de echarme a ver una serie con mis hijas en lugar de ponerme de rodillas a fregar el piso. Disfruto de salir a comerme un helado con ellas q ponerme a brillar muebles, y el baño ya se lo delegué cada fin de semana a las dos grandes. Y así aprendieron a agradecer, a valorar y yo aprendí a no echarme las cargas yo solita y a disfrutar más de la vida.

    Un abrazote hermosa y perdón por este pequeño post q hice en los comentarios jaja creo q me extendí un poquitin.

  6. Hola, y cuando tiene una niña con diversidad, suma las terapias varias, lo que tienes que escuchar de gente no empática y que no entiende que tu hija es diferente, la presión de la escuela, médicos, etc.
    Pero sí, de vez en cuando, exploto y reacciono. Paro y reflexiono, porque por encima de todo siempre siempre estará ella y su felicidad.
    un saludo

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