Dolor, impotencia, frustración. De nuevo dolor. Sensación de fracaso. Sensación de haber fallado en lo más importante. Mucho dolor. Angustia. Ansiedad.

Estos son los sentimientos que recuerdo de mi vuelta al trabajo tras ser madre. La segunda vez fueron más intensos que la primera, porque mi hija era más pequeña y yo tenía aún más claras -si cabe- sus necesidades como bebé que con su hermano, quien además se quedaba en su casa y con mi hermana.

Lo recuerdo perfectamente, como si fuera ayer, y ya ha pasado más de un año.

Recuerdo también el ataque de angustia que sufrí el primer día que dejé a mi pequeña en brazos de su cuidadora en la guardería. Recuerdo perfectamente la brutal ansiedad que sentí en el momento en que me ví frente a ese edificio, ansiedad que no había sentido en mi vida. Hasta ese momento.

Por eso no puedo evitar cabrearme cuando leo a «feministas» como Ana Fernández de la Vega decir tonterías como que «la depresión postparto se cura trabajando». Para empezar, Ana, decir semejante barbaridad es demostrar muy poco conocimiento acerca de la depresión postparto, de ahí que me permita tildarlo de tontería. Para seguir, querida Ana, a mi casi me cuesta una depresión postparto volver al trabajo, y sospecho que no soy la única. Porque entregar a un bebé que no llega ni a 4 meses a manos de unos extraños no deja de ser una barbaridad. Y esa es la realidad a la que nos vemos abocadas muchas madres españolas hoy en día. Y cualquier madre medianamente conectada con las necesidades de su bebé lo nota: en sus carnes, en su alma, en su corazón.

No, Ana, la depresión post parto no se cura trabajando. Ni aunque tengas un trabajo, como es mi caso, que te gusta, te llena y te motiva. Y el baby blues, que quizás es a lo que te querías referir en realidad, tampoco. Esto se cura -o más bien se previene- con unas medidas de verdadero apoyo a la natalidad y a la maternidad. Porque, aunque no sea tu caso, algunas lo queremos todo. Se cura con redes de apoyo a las madres. Se cura con permisos maternales prolongados. Primero para las mujeres, luego también para los hombres. El orden , perdoname que te lo diga, no es una cuestión de capricho, sino biológica.  Cuando los hombres puedan embarazarse y parir, con todo lo que conlleva, les cederé encantada el supuesto privilegio.

No creas que lo digo de un modo egoísta; yo hubiera cedido de muy buen grado a mi pareja mi segundo permiso maternal. Enterito. Junto con mi salvaje parto sin epidural. Junto con mis seis meses de diabetes gestacional, y sus más de cuatrocientos pinchazos. Le regalaría también la obesidad que han dejado tras de sí. Y sin dudarlo un instante le dejaría quedarse con mis problemas de suelo pélvico. Seguro que sabes por dónde voy. O quizás tienes la  suerte de no tener ni idea. Otro día te lo cuento.

Y, aunque lo parezca, no creas que lo hago de un modo egoísta. Porque mi embarazo, mis dos embarazos, a pesar de los tropiezos y los «regalitos» que trajeron consigo, fueron dos momentos maravillosos de mi vida que no cambiaría por nada del mundo. Los acepto como fueron, porque me ayudaron a ser la madre que soy. Pero sobre todo me hicieron entender el orden de prioridades en las necesidades y cuidados.

Porque lo primero, Ana, a quien hay que cuidar,  por quien hay que mirar, es por el indefenso, y ése es el bebé. Él es el verdadero protagonista del embarazo, del parto y del postparto. Y por eso, porque ha estado nueve meses dentro de la madre, debe pasar sus primeros meses de vida junto a ella. Por eso tenemos tetas, y por eso dan leche. Seguro que ya sabes que es mucho más que alimento, no vamos a descubrir nada nuevo. ¿No crees que si fuera tan poco impactante cambiar a la madre por el padre, los pechos masculinos también darían leche? Es curioso que no suceda, con lo importante que habría sido para la supervivencia de la humanidad. ¿No será que la persona en concreto es tan importante como el alimento? Ahí lo dejo.

El problema de que feministas como tú defiendan un permiso igualitario e intransferible, Ana, dejando a un lado la importancia de prolongar primero el permiso maternal, es que nos dais una ostia con la mano abierta a las mujeres que sí lo hacemos. Porque es mucho más progre y mucho más políticamente correcto pedir todo igualitario. Tabla rasa. Aplausos por doquier. Pero es que Ana, no somos iguales. Y ése es el gran error. Y esa diferencia incide en los bebés. Y entonces el error se vuelve sangrante.

Así que permíteme que me cabree, Ana, cuando yo, que no tengo ni idea de feminismo y no estoy más que empezando a conocerlo, me topo con una feminista como tú,  en camino de convertirse en relevante política, y que con su forma de ver las cosas tira por tierra toda posibilidad de cambio.

No quieras convertirte en un hombre, Ana,  ni pretendas que el resto lo hagamos. Mejor vamos a aprender a valorar lo nuestro, y luego si acaso intentemos que ellos sean un poco más mujeres.  Yo creo que ganaríamos todas. Y ellos, también. Y los bebés, ni te cuento.

PD: Si quieres conocer opciones de ampliación de los permisos de nacimiento más acertadas y realistas con las necesidades de nuestra sociedad y nuestros bebés, puedes pasarte por Conciliación Real Ya. Te puedo confirmar que están muy trabajadas, porque me dejé las pestañas en ellas.

Por si no sabes de qué va todo esto, léete este post de Ana Fernández de Vega en Podemos Feminismo:
http://podemosfeminismos.info/ana-fernandez-de-vega-es-feminista-defender-el-derecho-a-cuidar-de-los-padres/

Y su continuación en su blog personal:
https://anafernandezdevega.wordpress.com/2015/12/01/leonas/

 

Si te gustó, ¡compártelo!
Una madre como tú
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.