¿Te preguntas cómo ser una buena madre?. No me extraña, en esta sociedad que tanto alaba a los hombres responsables (corresponsables, les llaman, pero a mí me sobra el “co”),  se menosprecia bastante a las madres que son superresponsables.  Que si te vas de supermadre,  o de supermujer, que si quieres quedar por encima, que si te crees superior… A mí esto siempre me ha chocado mucho, porque en todas las facetas de la vida se aplaude e incluso empuja a las mujeres por pelear para ser las mejores,  porque den todo de sí mismas, excepto en la maternidad. En la maternidad si te esfuerzas mucho parece que está mal visto, que estés intentando dejar al resto de las mujeres a la altura del betún. Pues, por si hay alguna despistada en la sala, empecemos aclarando un concepto: intento ser la mejor madre posible para mis hijos sin compararme con nadie, porque compararse además de ser absurdo no ayuda a nadie. Ahí lo dejo.

 

Cómo ser una buena madre

La pregunta del millón: ¿cómo ser una buena madre? ¿qué tengo que hacer para ser la mejor madre del mundo? ¿cómo se sacude una de encima el  sentimiento de culpa, de mala madre?  Hay quien opta por reirse de todo, y me parece una opción muy válida, pero yo ya sabéis que soy de agarrar el toro por los cuernos y plantarle cara. ¿Cómo ser una buena madre? Pues tengo una noticia para tí: tú eres la mejor madre que tus hijos pueden tener. Que nadie te haga creer lo contrario.

¿Cómo consiguen los hombres ser padrazos? Simplemente siendo.  A menudo me encuentro con situaciones en las que, antes el mismo hecho:

  • si lo hace un hombre, padrazo;
  • si lo hace una mujer, mal;
  • y si no lo hace, peor aún.

¿No es un poco absurdo?

Esto hace que continuamente nos preguntemos si somos buenas madres, si estamos haciendo lo mejor para nuestros hijos, etc.

Pues yo estoy dispuesta a cambiar el guión,  con permiso de los padresféricos y su pelea contra el «efecto picha» y el uso de «padrazo», yo apuesto por dar una vuelta de tuerca y universalizar el uso de madraza,   y he decidido empezar escribiendo mi propio decálogo de madraza,  que os comparto por si a alguna le inspira.

 

{Decálogo de una madraza}

 

1) Cómo crío a mis hijos es cosa mía.

Eso quiere decir que yo (junto con mi pareja, claro) decido cómo criarlos. Y si les doy teta, colecho, uso pañales de tela o hago todo lo contrario es asunto mío, y no tengo por qué dar explicaciones a nadie y mucho menos soportar críticas. Así que, si alguien se permite el lujo de hacerlo, haré oídos sordos.

 

2) Daré el pecho hasta que me salga de las tetas.

Literalmente. Y eso no quiere decir que esté intentando conseguir ninguna medalla de nada ni quedar por encima de nadie, porque mi maternidad no es un trofeo ni una carrera contra nadie. Daré el pecho todo el tiempo que yo quiera porque puedo, porque quiero, porque estoy a gusto, porque mis hijos lo están, porque es sano para ellos, porque es intimidad entre nosotros, y PORQUE ME DA LA GANA. Y no tengo ni por qué dar explicaciones a nadie ni por qué aguantar opiniones de nadie. ¿Recordamos el punto 1?

 

3) Las responsabilidades del hogar son cosa de dos.

Me da igual si los dos trabajan fuera o no. Son cosas de dos SIEMPRE. Pero si encima, como es mi caso, trabajamos los dos fuera, entonces son a medias POR NARICES. Así que no me voy a autoasignar la responsabilidad de que se realicen debidamente. Tampoco me autodesignaré responsable de la compra, de la logística del colegio, de los disfraces, las tareas escolares, la gestión de las relaciones familiares… No, no, no. A medias es a medias, así que cada vez que aparezca algo nuevo lo hablaremos a ver quién de los dos se ocupa.

 

4) Disfrutaré de mis hijos todas las horas que pueda y alguna más

No entiendo muy bien el motivo, pero parece que a todo el mundo le sorprenda que no esté deseando salir corriendo en dirección contraria a mis hijos. Antes de que mi hijo cumpliera un año ya me estaban preguntando «a ver cuándo os vais un fin de semana y nos lo dejáis». Eso no sucedió, ni entonces ni aún ahora, sencillamente porque somos una familia y nos apetece hacer planes en los que entremos todos. Al menos por ahora ;)

 

5) No me sentiré mal por dejar a mis hijos por trabajar.

Me lo voy a repetir otra vez, a ver si al fin me lo creo. No me sentiré mal por dejar a mis hijos por trabajar. No es una decisión, no es una opción, es una obligación, es una necesidad, es el pan de su mesa.  Si pudiera elegir, me quedaría en casa. Así que, aunque me duela en el alma cada día los pucheros de mi niña cuando me voy, no me sentiré mal, ni tampoco me enfadaré porque ellos se sientan mal.

 

6) Tampoco me sentiré mal si necesito un respiro.

Cuando sólo tenía al mayor, a pesar de haber sido un bebé y un niño muy demandante, no sentía esa necesidad. Pero con dos… amiga, con dos la cosa cambia, aunque no me pase el día quejándome la verdad es que me he sentido superada muchas veces y he necesitado momentos de desconexión. Confieso que me he encerrado en el baño para ducharme tranquila y poder despejar la cabeza.  Tampoco creáis que necesito un fin de semana, (revisar punto 4) en realidad los planes que me apetecen siempre son con ellos incluídos. Pero si alguna vez lo necesito, no habrá nada de malo en ello. Tomar aire de vez en cuando está bien.

 

7) Les cogeré en brazos siempre que me dé la gana.

Y eso incluye desde que nacen hasta que tengan al menos 13 y me llamen pesada. A todos nos gusta que nos abracen, y pedir brazos es el modo que tienen los niños de expresar que necesitan abrazos. Y no seré yo quien niegue un abrazo a sus hijos. Porque les gusta, porque me gusta, y porque me da la gana. ¿Recordáis el punto 1? Pues eso.

 

8) Me levantaré siempre, siempre por las noches.

Siempre que mis hijos me llamen o lloren, da igual las veces que sea. Me necesitan y no pienso hacer oídos sordos «por su bien» ni «para que se acostumbren», a nadie le hace bien que le ignoren. Así que si, me levantaré siempre que me llamen,  no sin antes asegurarme de que el papá también se ha despertado, y si no lo ha hecho darle un cariñoso codazo y preguntarle si se quiere levantar él. ¿No quedamos en que éramos corresponsables y repartíamos las tareas y responsabilidades? Pues esto no es una tarea, pero sí es una responsabilidad.

 

9) Me pintaré las uñas al menos una vez al mes.

Esto suena tremendamente superficial. Lo es. Pero ser una madre consciente e implicada, que trabaja fuera y en casa y además mantiene un blog es mentalmente agotador. Necesito algo superficial que me permita desconectar mi cerebro y me haga sonrerir. Las uñas rojas me hacen sonreir.

 

10) Dejaré que sean quienes quieran ser.

Esto puede parecer muy fácil dicho así, en frío, pero cuando llega la hora de la verdad puede no serlo tanto. Como cuando hace un frío que pela y no se quieren poner abrigos. O cuando en pleno verano a 35º se quieren poner botas de agua. O el día que deciden que saldrán con una zapatilla azul  y otra roja a la calle. Y si mi niño quiere ponerse un tutú, o mi hija hacer sabe-dios-qué-cosa-que-me-rompa-los-esquemas… ahí estaré yo, dándome a mí misma con este post en las narices, y repitiéndome: es su personalidad, es su vida, tiene que aprender a saber quién es.

Creo que lo voy a imprimir y me lo voy a colgar en la pared, estoy segura de que más de un día me vendrá bien ojearlo ;)

 

¿Qué opinas de mi decálogo? ¿Te animas a hacer el tuyo propio? Te animo a empezar con el punto 1, y a partir de ahí seguro que el resto salen solos :)

¿Te consideras ya una buena madre?

vanesa

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