Como os conté en mi post sobre la diabetes gestacional y sus síntomas, debido a un aumento de mis niveles de glucosa basal el endocrino decidió que necesitaba inyectarme insulina.

Es curioso porque en un primer momento no le di importancia, hay que hacerlo y ya está,  es bueno para las dos…   pero tan pronto comencé a pincharme la insulina mi cuerpo se puso en alerta. Algo me decía que era negativo para la peque y para mi. No entendía por qué,  pero era como lo percibía,  de ahí que me planteara retirar la insulina y os pidiera ayuda.

Por desgracia no pudo ser. Cuando se lo comenté a mi endocrino se cerró en banda, se negó en redondo y de hecho es que ni me escuchó. Para él no había opciones posibles. Como ya podéis imaginar salí muy decepcionada de la consulta.  Que no aceptara era algo con lo que contaba, pero lo que no esperaba es que ni siquiera me quisiera escuchar, y mucho menos que llegara a mentirme con tal de contradecirme. Muy triste.

En los días siguientes busqué información y posibles endocrinos a los que pedir una segunda opinión,  pero mis niveles siguieron descontrolándose así que decidí olvidarlo y centrarme en controlarlos de nuevo.  Reajustes en la dieta, más movimiento tras las comidas,  ser más estricta aún con los horarios y las cantidades…
en definitiva comenzar de 0 otra vez. Y en un par de días ya estaba controlada de nuevo.

Gracias a eso no ha tenido que aumentar la cantidad de insulina a inyectarme,  aunque si he tenido que ir aumentando progresivamente el ejercicio que hago (andar).

Mi sorpresa llegó en la siguiente visita al ginecólogo,  donde me avanzó que como los niveles se me descontrolaran un poco en las siguientes semanas me provocarían el parto… y que de seguir controlada me lo inducirían igualmente en la 39 o como muy tarde la 40.  Como ya sabéis, en mi primer embarazo también tuve diabetes gestacional, y nunca me hablaron de inducir, por tanto éste cambio es debido a la insulina. Según mi ginecólogo, la peque estará mejor fuera que dentro, así que cuanto antes nazca mejor.

En esos días tuve también una charla en el hospital, donde nos explicaron el plan de parto que el propio hospital nos facilita y las posibilidades de parto mínimamente intervenido que ofrecen. Bañera de parto, inyecciones para mitigar el dolor, silla de parto, pinzamiento tardío del cordón… una maravilla de protocolo de parto respetado, pero no aplicable en mi caso debido a la insulina. Tristemente, y como ya me había advertido mi matrona y me confirmó la matrona de la charla, al tener una diabetes insulinodependiente tan pronto llegara al paritorio me pondrían una vía con insulina y otra con glucosa, y ya me podía olvidar de la bañera y demás «maravillas». Como ya podéis imaginar, en mi mente se repitió el parto de mi niño: con vías, tumbada en la cama, dilatando mal y con dolor,  epidural, amenazas de cesárea, parto muy intervenido… mal, mal mal.

Entre lo uno y lo otro me desanimé bastante, me quedó claro que como llegara al hospital poco dilatada seguramente se repetiría la historia, así que en mi mente se afianzó un pensamiento que ya me rondaba: si quería un parto respetado tenía que llegar al hospital en dilatación completa, para que no tuvieran opción a intervenir.

Pero eso mejor os lo cuento otro día… porque el parto de Minchiña merece un capitulo aparte.

¿Tienes diabetes gestacional insulinodependiente? ¿Conoces el protocolo que te aplicarán cuando te pongas de parto? ¡Es importante que te informes!

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