Las hemorroides son un problema frecuente durante el embarazo, y son no pocas las mujeres que las sufren en el postparto. Por eso, por si estás lidiando con ellas, hoy te queremos traer algunas pautas que te ayuden a mejorar la situación y estar más cómoda.
Cuando hablamos de hemorroides, habitualmente lo relacionamos con la enfermedad hemorroidal. La realidad es que todos tenemos hemorroides, aunque no todos sentimos molestias. En condiciones normales, su función es necesaria para asegurar un correcto cierre anal. El problema surge cuando aparece la enfermedad hemorroidal, una alteración de la estructura de las venas de los plexos hemorroidales que afecta a casi tres de cada cuatro adultos.
Esta enfermedad está frecuentemente ocasionada por el estreñimiento, la diarrea crónica o la realización de un gran esfuerzo al evacuar los intestinos, y también puede afectar a aquellos que siguen una dieta con un bajo contenido en fibras o personas que levantan peso con regularidad. Y también afecta frecuentemente a mujeres durante el embarazo y postparto, debido al aumento de progesterona que las mujeres sufren durante la gestación. Esta hormona hace que se relajen las paredes venosas, por lo que estas tienden a hincharse con más facilitad, y también propicia el estreñimiento, formando así una tormenta perfecta para que las embarazadas sufran de hemorroides.
En el caso de las embarazadas, también hay que tener en cuenta que el tamaño creciente del útero hace que aumente la presión sobre las venas de la zona de la pelvis, con lo que el retorno sanguíneo se vuelve más lento. Esto produce un aumento de presión venosa haciendo que las venas se dilaten, motivo por el que durante el embarazo suelen aparecer tanto hemorroides como varices en las mujeres.
Cuando nos toca suele ser una desagradable sorpresa de la que nadie nos ha advertido, a pesar que son muchas las mujeres que las sufren durante varios meses o de forma permanente tras el parto. No obstante, que no cunda el pánico, en muchos casos desaparecen por sí mismas, con lo que solo tendremos que estar pendientes de aliviar el malestar y pedir ayuda a nuestro médico de cabecera si la molestia se incrementa.
Y es que, sea cual sea la causa, el principal signo de alarma es sentir escozor, dolor y observar un leve sangrado.
Las hemorroides patológicas pueden ser externas, por debajo de la línea pectínea y sintomáticas, produciendo picazón o irritación en la zona anal, molestia, hinchazón y sangrado. O también pueden ser internas, dentro del recto por encima de la línea pectínea y asintomática hasta que se prolapsa y aparecen pequeñas cantidades de sangre.
Para prevenir y reducir la aparición de la enfermedad hemorroidal, estos consejos pueden ayudar mejorar la calidad de vida de aquellos que sufren este tipo de dolor:
- Come alimentos ricos en fibra. Verduras como los espárragos y las patatas, frutas como plátanos, ciruelas o higos y granos como la arena, el arroz integral o el salvado ablandan las heces y aumentan su volumen, lo que ayudará a evitar el esfuerzo que puede provocar dolor de hemorroides.
- Bebe mucho líquido. Entre seis y ocho vasos de agua por día para mantener tus deposiciones blandas.
- Relájate. Hacer esfuerzos y contener la respiración mientras evacuas los intestinos genera una gran presión en las venas de la parte inferior del recto.
- Ve al baño cuando sientas ganas. Si esperas para evacuar y el impulso desaparece, la materia fecal puede secarse y ser más difícil de evacuar.
- Haz ejercicio. Mantente activo para prevenir el estreñimiento y para reducir la presión en las venas. El ejercicio también puede ayudarte a perder el exceso de peso que podría estar contribuyendo al dolor de hemorroides.
- Evita estar sentado durante mucho tiempo. Sobre todo en el inodoro ya que puede aumentar la presión en las venas del ano.
Y recuerda siempre hablar con tu matrona / obstetra o médico de cabecera antes de tomar cualquier medicamento tratamiento «natural», ya que debes tener la certeza de que no vaya a afectar al bebé. ¡Que sea leve!









