Lactancia materna

Historias de lactancia materna: la historia de Casinez

Historias de lactancia materna: la historia de Casinez

Mi historia con la Lactancia Materna comenzó mucho antes de ser madre.
Mi madre siempre nos ha contado a mi hermana y a mi como ella no nos pudo amamantar. Ella cuenta que no tenia leche. Seguro que os suena mucho…
Yo nací en el 85 y mi hermana en el 88. Por aquellos años fueron muchas las madres que se quedaban sin leche y se veían obligadas (tal cual) a dar el biberón. Eran otros tiempos (o no) y las recomendaciones eran pecho cada 3 horas y 15 minutos de cada uno, ni uno más. Pero que voy a contar que no sepais.

El caso es, que sin darme cuenta me cargue con el peso de las lactancias fracasadas de mi madre y también con los fantasmas. Esos, que me hacían acompañar mis deseos de dar el pecho con un “si puedo“.

¡Y PUDE! Pude, y ahora lo se, por que estamos programadas para dar leche y nuestros “mamones” para tomarla.

Mi embarazo fue maravilloso y aproveché para informarme sobre la lactancia. Mi libro de cabecera era un regalo para toda la vida y lo complementaba con las historias de muchas blogueras, recomendaciones de la OMS y muchas visitas a los foros de LM de la AEPED.

Mi parto fue muy bueno. Eutócico, a término, sin episiotomía ni desgarros. Tuve una niña preciosa que pesó 2,256 kg y midió 46 cm. Apgar 9/10. Una leona con una fuerza increible para lo pequeña que era.

No tardaron en aparecer biberones por la habitación. La excusa fue que era pequeña y que si bajaba mucho de peso no me la podría llevar a casa…Amenaza en toda regla a una mama indefensa en el post parto.

La peque no quería los biberones y yo tampoco, por lo que casi todos se fueron por el lavabo…

El día del alta solo había perdido 80 gramos y nos fuimos todos a casa, pezonera incluida.
La pezonera duro muy poco porque la peque se enganchaba estupendamente. Lactábamos sin horarios y sin miedos. Todo iba rodado mamaba hasta que se soltaba ella sola, movía las orejitas al succionar y se oía como tragaba la leche.
También mojaba todos los pañales y hacia caca como una campeona.

¿Qué podía fallar? ¿Ella? ¿Yo?
Pues no, como pasa casi siempre falló el pediatra, pero no nos ganó, ya lo veréis.

Nació muy pequeña , ya lo he contado. El pediatra nos recomendó seguir con las ayudas que nos habían dado en el hospital. Esas que nosotros no le habíamos dado por que NO necesitaba. Casualmente tenia un (milón) bote de leche artificial y nos fuimos con uno bajo el brazo.
Yo no quería suplementar bajo ningún concepto porque estaba segura de que no lo necesitaba. Aun así mi marido compró un medela calma por si era necesario.
Mi marido en un par de ocasiones sugirió suplementar alguna toma. (Y si … Y si …)
Ella no quería saber nada del plástico y yo me ponía a llorar.

Lo probamos también con vasito y con jeringa y nada…no se hizo amiga de la leche de vaca. Solo quería ( y quiere) su teta y menos mal, porque a mi me hubiera costado una depresión seguro.

Me agobie de tal manera, por el biberón y el bote de la leche, que fuimos a ver a una pediatra con la que mi marido tiene confianza. De esas que paran la consulta para ayudar a una madre agobiada y se pasan los percentiles por el forro si el niño esta hecho un bendito con su amada teta.
Nos salvó y nos dio la confianza que nos faltaba (Gracias Trini).
A partir de ahí mi marido se convirtió en mi defensor, aun más si cabe, y sobretodo en el de la lactancia de nuestra hija (gracias cariño, te quiero).

En la siguiente visita el peso volvió a ser el protagonista. El pediatra nos invito a verle todas las semanas, durante los cuatro primeros meses, para ver que todo estaba bien. Y como sabía que la leche de bote se la tomaban los terneros porque mi hija no la quería, aprovechaba nuestra cita y nos recordaba que a la mínima nos enchufaba al amigo de plástico.

Fueron pasando los meses y las sugerencias de suplementos, pero la lechona se criaba con tanta vitalidad que le cerraba la boca.

Contamos también con el apoyo del grupo de lactancia de mi ciudad, en el que llore de impotencia por la incomprensión y donde todavía vamos a animar a las nuevas mamas a comenzar su propio camino con la lactancia.

Nos fuimos guiando por nuestro instinto, pero sobretodo por el de nuestra hija. Ella nos decía cuando quería teta y cuando quiso comenzar a probar nuevos sabores. Porque ellos hablan, sin palabras, si les damos la oportunidad.

Hoy tiene 19 meses, y tenemos 19 meses de lactancia. Lo mejor que me ha podido pasar. Una conexión que habla sin palabras, como ellos. En la que nuestros hijos se alimentan de leche y amor, y nosotras de confianza e instinto.

Como veis no he hablado de mastitis, grietas, fiebre o perlas de leche. Porque no me ha pasado nada de eso.
Podría haber tenido una lactancia perfecta si nadie se hubiera inventado unos problemas que no existían. Menos mal que no hicimos caso. Menos mal que me informé. Menos mal…por que hoy me siento mejor persona, mas paciente, con mas amor y siento de corazón que haya que luchar tanto por algo que solo hay que dejar fluir.

Gracias Orquidea preciosa por dejarme este trocito de blog para contar mi historia.

@casinez

¡Gracias a tí por compartir tu historia! Porque la lactancia materna también puede ser un camino de rosas, a pesar de que algunos se empeñen en ver problemas donde no los hay.

14 comentarios
Johanna 27 abril, 2013 at 21:08 contestar

Que historia mas bonita,y que importante tener apoyo y dar con profesionales de la sanidad que ayuden y respalden tus decisiones.

Babbupi,s mumm 27 abril, 2013 at 21:40 contestar

Sin duda la información es poder. Me alegro de tu lactancia exitosa. Por otros tantos meses o años más, hasta que las dos deseéis.
Un besos.

Quiero Vivirte 27 abril, 2013 at 21:40 contestar

Me da tanta rabia que los profesionales de la salud, esos que deberían ayudar a madre e hijo, y velar por su bien, estén tan desinformados… Quizá siento rabia porque yo también estuve desinformada, y yo sí sucumbí a esos comentarios… y fracasé en la lactancia (depresión creo que no, pero se le acerca…)
Mi más sincera enhorabuena, sois unas leonas (las dos).

modes salazar 27 abril, 2013 at 23:44 contestar

Es una vivencia muy positiva, emocionalmente indescriptible y que ofrece todas las garantías biológicas, psicológicas, y de cualquier ámbito que se quiera valorar.
Gracias por hacerlo público, porque ayudará a mucha gente, sin duda.
Cuánto nos queda aún por DES-aprender a los profesionales del sistema sanitario en relación con la lactancia.
Cuánto tienen que aportar las madres de su experiencia positiva.
Enhorabuena y muchas gracias.
Voy a compartirlo, con tu permiso, porque me parece un testimonio muy educativo y útil.

Madres cabreadas 28 abril, 2013 at 07:12 contestar

Las claves fueron tu información, y el instinto de tu lechona, que no quiso el plástico ni en pintura.
Las dos formasteis un equipo! Y menos mal que después lo completó el papá. La pediatra os cayó del cielo :))
Lo de casinez no fueron “Sombras de la lactancia”, como escribí ayer, ( http://tmblr.co/ZeZnqxjdq_4v ), fue el apagón de Nueva York del 65!
Me quito el sombrero!!

Silvia (Creciendo con Emma) 28 abril, 2013 at 07:46 contestar

Qué alegría me da ver que como una leona has defendido la lactancia de tu cachorrilla, vuestra lactancia. Qué mal que haya aún tantos profesionales de laesalud que interfiera. Yo sí he tenido de todo (mastitis, absceso, perla de la leche obstrucciones…) el pack completo oiga. Y aún así no la cambio por el biberón ni loca 🙂
Preciosa historia

tienda erotica 28 abril, 2013 at 07:56 contestar

Felicidades a las 2, y comentarte que soy un padre que ha visto como mi hija a estado tomando el pecho casi hasta los 5 años

meinemamimemima 28 abril, 2013 at 21:22 contestar

Mi hijo nació con 3230 y engordaba a kilo por mes. Aún así … nos decían que le diéramos una ayuda …

Muchas felicides y gracias por compartir tu experiencia 😉

mOOntsEsteban 29 abril, 2013 at 08:09 contestar

Una historia preciosa y muy bien contada.
Hacen falta más relatos como éste para que las que seremos futuras mamás cojamos seguridad ante este mundo lleno de miedos y intereses ocultos.
Me encanta que al final triunfe el instinto, pq es así como estamos programados.
Un fuerte abrazo,

Casinez 29 abril, 2013 at 11:09 contestar

Tengo que sentarme y contestaros. Gracias por los comentarios guapas!!

lialeacomplementos 29 abril, 2013 at 12:32 contestar

Me identifico al 90% con tu historia, sólo voy a comentar una de las pocas diferencias que existen entre tu historia y la mía, mi primer peque pesó 4.200 kg y no perdió ni un gramo pero en mi caso lo que me decían era que como era tan grande seguro que no le iba a llegar mi leche… resumo LM a demanda hasta que él lo dejó a los 15m y por poner un ejemplo de su crecimiento a los 4m pesaba 8.100kg, ¿ como dicen? ¿ que no llega mi leche?…
En otra ocasión hablaré de mi segundo peque, besossss 😀

lialeacomplementos 7 septiembre, 2013 at 23:50 contestar

por supuesto que le llegó y creció estupendamente con una relación talla peso siempre perfecta,es decir que hasta el día de hoy no tuvo ningún problema de peso ni de más ni de menos, como yo digo está en su punto jejejeje, y sí, totalmente de acuerdo con seguir nuestro instinto. 😉

Marta 29 abril, 2013 at 13:26 contestar

Me encanta tu historia. Decirte que yo tengo una princesita de 2 años y ocho meses. Yo tenía claro lo que quería, y era darle el pecho. Yo tenía más instinto que información, porque, desgraciadamente, tuvo un embarazo bastante complicado. Estuve en cama casi los nueve meses y no quería leer nada que tuviera que ver con la maternidad (por lo que pudiera pasar).
Sin embargo, mi parto fue rápido, precioso. Yo iba sin nervios y con mucha ilusión de lo que iba a hacer. Tenía unas ganas enormes de ver a mi pequeña y tenerla entre mis brazos. En tres empujones pudimos ver la carita de mi niña, con esos ojazos abiertos y llorando como una campeona. Según salió, me la pusieron en el pecho y la niña fue la que decidió, desde el minuto uno de su nacimiento engancharse en su adorada “tetita” . Y así continuamos hasta hoy.
Siempre ha mamado a demanda, más bien, se pasaba el día enganchada a la teta. No quería carros, cunas, brazos de nadie. Sólo quería “tetita”. Así que yo iba con mi fular y mi niña enganchada por la calle, dando enormes paseos.
La gente te mira como un bicho raro y los pediatras se echaban las manos a la cabeza, porque mi hija no respetaba tiempos y mamaba cada menos de tres horas. Hubo una pediatra que me dijo, incluso, que le iba a causar un problema en el estómago. Más o menos me dio a entender que como siguiera así, iba a hacer una niña obesa con un estómago enorme y que no podía pasarse comiendo todo el día.
Yo, la verdad, no hice caso, seguí criando a mi peque como me pedía el cuerpo y, sobre todo, como se lo pedía a ella. Cogía peso normal, todo era normal,así que, para qué cambiar. A día de hoy, es una niña sana, come de todo, sigue mamando y no le voy a poner fecha a mi lactancia.
Creo que la información está bien, los pediatras están para informar también, pero sobre todo deberíamos fijarnos más en nuestro instinto; deberíamos profundizar más en algo que hemos perdido y es, nuestra capacidad de mamíferos, nuestro yo animal,y nos daríamos cuenta, de que todo es mucho más fácil de lo que los profesionales, a veces, nos hacen ver. Un saludo

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