Por más que intenté retrasarlo, al final lo llegó lo inevitable: la adaptación a la guardería.

Creedme que no exagero si os digo que no recuerdo momento más angustioso en mi vida.

Conforme me acercaba a la guardería comencé a agobiarme. A cada paso la angustia  crecía,  al ritmo que me imaginaba a mi pequeña buscándome sin encontrarme,  llorando asustada, pidiendo unos brazos que le brindaran consuelo. No me malinterpretéis, sé que está en buenas manos,  las mejores,  de hecho. Pero no puedo evitar recordar que con quien debería estar,  lo que ella de verdad necesita, es estar conmigo.

Tuve que dar 3 vueltas a la manzana para conseguir serenarme medianamente y entrar en la guardería,  pero como ya os podéis imaginar cuando se la tuve que entregar a la cuidadora no pude evitar romper a llorar.

Hija, te pido disculpas por el numerito, pero pese a haber pasado por una selectividad, una carrera universitaria, varios exámenes de oposición,  entrevistas de trabajo, en la radio y la televisión, ponencias, impartir cursos, una amenaza de aborto, dos embarazos y dos partos, y un montón de visicitudes de las que no es momento de hablar… hija mía,  te juro que no había hecho nada tan difícil en mi vida, siento haberme puesto tan nerviosa.

¿Qué tal os ha ido a vosotras con la adaptación? :(

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Una madre como tú
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