Esta es sin duda una de las experiencia más dura de la lactancia materna. Porque la agitación es dura, muy dura. La agitación del amamantamiento es una sensación terrible que te hace sentirte fatal. Hacía tiempo que no me pasaba, pensaba que era algo superado, pero una vez más ha vuelto a mí, como oleadas que me queman el corazón.

No recuerdo exactamente la primera vez que sufrí esa sensación, pero el peque ya superaba el año. Recuerdo sentirme perdida y triste. Recuerdo no comprender nada. Recuerdo esforzarme por no mostrar rechazo. Y no saber qué me pasaba, y por qué me pasaba. Eso, y no saber cómo actuar, me hacía sentir tremendamente triste.

Pero la suerte quiso que en esos días una de las mamás blogueras que yo seguía hablara del tema. Me sentí alividada al instante, ¡eso me pasaba a mí! Y además pude por fin ponerle un nombre a lo que pasaba, pues hasta entonces no sabía qué era: la agitación del amamantamiento.

¿Qué es la agitación del amamantamiento?

La agitación es una sensación horrible. Es un rechazo visceral al dar el pecho, que te surge de lo más profundo de tus entrañas, sin que tú puedas evitarlo. No es un dolor, es más bien un malestar psicológico. Aunque tú estés pensando «¡pero si yo quiero hacer esto!», no tiene que ver con que quieras dar el pecho o no. Tu cuerpo, sencillamente, dice NO. La agitación del amamantamiento te remueve tanto que lo único que quieres es apartar al bebé del pecho.

En mi caso, hay veces que me sucede tan pronto el peque se pone al pecho, otras sin embargo es al cabo de un rato mamando. Hay veces que es una sensación muy intensa desde el primer momento, otras es como una ola que va creciendo.  Pero el resultado siempre es el mismo: necesito que el peque deje la teta, lo necesito, no lo soporto.

Como digo es una reacción visceral, es algo que no consigues controlar. Yo he intentado relativizarlo, conversar conmigo misma. «¿Será que quiero dejar de darle el pecho? ¿Me estaré autoengañando? ¿Será que ya no debería dárselo?» Pero entonces la agitación desaparecía, y con ella mis preguntas.  Y es que esta sensación, al menos en mi caso, viene y va.

Os confieso que en ocasiones ha sido tan intensa y tan dura que he pensado en destetar al peque. Pero como digo es una sensación que tan pronto viene como se va (y tarda en volver), por lo que cuando empezaba a pensar en cómo hacerlo la agitación por fin desaparecía.

¿Está relacionada la agitación con la lactancia prolongada?

Parece ser que se suele dar cuando los bebés ya superan el año de edad, aunque eso no quiere decir que vaya a suceder siempre. En mi caso, apareció por primera vez cuando el mayor ya superaba el año de edad, y ya no se fue hasta que se destetó. Con la peque, en cambio, no ha hecho aparición todavía, y ya está cerca de cumplir los 3 años.

Tampoco quiere decir que la vayas a pasar sí o sí; hay mujeres que no sufren este rechazo; como te digo, yo con la pequeña no lo estoy sufriendo (y toca madera).

¿Quiere decir que tengo que destetar a mi hijo?

No, a menos que sea lo que quieres. La agitación como te digo es algo físico, pero si tú eres feliz amamantando a tu hijo, no tienes por qué dejar de hacerlo; tendrás que aprender a lidiar con esa sensación, y aplicar técnicas como las que te voy a contar, que ayudan a que sea más llevadero.

Si crees que esto te supera, que has cumplido con la lactancia, y que ha llegado el momento del destete, puedes comenzar a aplicar el «no ofrecer, no negar», aunque te advierto que es un proceso lento y que no siempre funciona; de hecho, a mí no me funcionó. Otra opción es que empieces a reducir tomas, especialmente las nocturnas, que tienen gran importancia en que se mantenga la lactancia, y quizás así consigas destetar o al menos aliviar el malestar.

¿Cómo sobrellevar el rechazo al dar el pecho?

A mí lo que mejor me ha funcionado es contar. Cuando el peque me pide pecho le digo: «Vale, vamos a contar hasta cinco». Cuanto más fuerte siento la agitación más bajo pongo el número, y al revés.  Así que tan pronto se pone en el pecho empiezo a contar: uno… dos…. tres…. Al peque le hace gracia lo de contar, y normalmente al llegar al número se aparta riéndose. Y cuando no se quiere apartar le recuerdo que hicimos un trato (mama tiene pupa en la tetita, hoy vamos a contar ¿vale?), y acepta apartarse.

Otra cosa que puede funcionar es revisar si la postura al mamar nos resulta incómoda; a veces puede estar relacionada. Y también vigilar reglas y ovulaciones; en mi caso comprobé que en esos días era cuando me sentía más agitada, así que por una parte me resultaba más fácil sobrellevarlo y por otra cuando se acercan los días empezar a contar de vez en cuando con el peque, para que se fuera acostumbrando.

Cuando la sensación es tan fuerte que ni contar me sirve evito la ocasión; lo duerme el papi, se pone a su lado en el sofá… evitamos las situaciones en las que generalmente me pide pecho hasta que se me pasa.

Y es que lo que más me puede entristecer es que sienta mi rechazo, y cuando la sensación es fuerte es inevitable expresarlo. Por ese motivo en algúna ocasión me planteé el destete, porque me parecía un mal menor.

Por suerte, mis días de tormento parece que han llegado de nuevo a su fin, porque hoy la sensación ya ha sido muy flojita, así que espero poder olvidarme de ella una temporada.

¿Has sufrido la agitación del amamantamiento? ¿Tienes algún truco para sobrellevarla? Cuéntame, estoy deseando leerte.

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Una madre como tú
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