experiencias lactancia materna
experiencias lactancia materna

Mi historia con la lactancia materna

Ser madre es algo que siempre estuvo dentro de mí; quienes me conocen bien saben que siempre ha sido uno de mis sueños. Y en mi sueño, en esa estampa maravillosa que yo formaba en mi mente, nunca estuvieron presentes los biberones, siempre había una amorosa mamá dando el pecho a su bebé. Estoy convencida de que el ver a mi madre amamantar a mi hermana durante un año tuvo mucho que ver; ¡gracias mamá, por hacernos ese regalo a las dos!. Tanto es así que cuando llegó el momento ni siquiera compré biberones, pues para mí no había la más mínima duda de que daría pecho; ni siquiera me planteé que algo me lo pudiera impedir.

Durante el embarazo busqué información en internet y libros acerca de mi estado y lo que vendría después, y, cómo no, me encontré también con información acerca de la lactancia. Fue entonces cuando me hice consciente de los problemas que podrían surgir, sobre todo a través de un foro donde mamis voluntarias ayudaban a otras con sus problemas y sus dudas. Debo decir que este foro fue una auténtica escuela para mí. ¡Cuanta información y qué bien dada!.

Llegado el parto, tuve la inmensa suerte de que el personal sanitario fue un auténtico 10 en lo que a los primeros momentos se refiere. Tan pronto nació mi niño, se lo llevaron lo justo para limpiarle las vías respiratorias, e inmediatamente lo pusieron sobre mí. Cuando acabaron de zurcirme (algún día contaré esto…) y me sacaron de quirófano, inmediatamente lo colocaron junto a mí y lo acercaron a mi pecho para que comenzara a mamar… ¡y se agarró sin problemas! Y ahí estuvo mi campeón, hora y media agarradito y mamando, hasta que finalmente se lo tuvieron que llevar para limpiarlo, pesarlo y demás.

Los primeros días mi niño se pasaba horas y horas enganchadito, mamando como un desesperado, pues el calostro parecía no saciarle. Me hacía un daño horrible, tanto es así que en dos días ya se me caían los lagrimones al ponerlo. «Si te hace tanto daño, ¿por qué no le das un biberón?» me decía mi marido. «No, la leche subirá». Y apretaba los dientes y lo ponía al pecho, y aunque al principio dolía horrores poco a poco el dolor se disipaba. Y la leche subió, por fin, al cuarto día. Lo supe en el momento en que mi niño pasó de mamar como un desesperado a mamar relajado. Y se confirmó unas horas después, cuando mis pechos se convirtieron en la terrorífica caricatura de un aumento de mamas exagerado, inflados y a punto de reventar, hasta el punto que tuve que vaciarlos un poco.

A partir de ese momento, la lactancia se normalizó, mi niño mamaba hasta quedarse dormidito, a veces tanto rato que llegaba a hacerme daño, y generalmente sus sueños rondaban las 3 horas, lo cual me permitía descansar. Cada vez que lo ponía al pecho me derretía de amor, no se me ocurría estampa más bonita que tener a mi niño así, pegadito a mí, mientras le daba lo mejor de mí.

Pero no todo fueron rosas, y es que cuando llegaba una crisis de lactancia, mi nene volvía a mamar como un desesperado, volvían las largas horas al pecho, y volvían otra vez los lagrimones en los ojos. De nuevo la pregunta «¿Por qué no le das un biberón, si te duele y no le llega?» «No. Esto se arregla con teta y más teta, si le doy un biberón será peor». Y así era, siempre se arreglaba.

Debo decir en este punto que cometí un grandísimo error: no acudir a un grupo de lactancia. Y es que, en verdad, no tenía que haber pasado esos dolores. Pero siempre miraba el calendario de las reuniones y me decía «esta semana voy». Pero cada semana surgía algo, y como mis dolores acababan pasando, yo olvidaba mi pensamiento.

Como no podía ser menos, durante todos esos meses recibí infinidad de interferencias externas: al principio «tu leche no le llega, por eso mama tanto». Mas tarde «ese niño está muy gordo, no le des tanto pecho» y tambien «¿Otra vez teta? lo estás malacostumbrando», o cuando comenzó con la alimentación complementaria «No le des tanto pecho y dale más comida» «Normal que no quiera comer si siempre le estás dando teta», y demás «bienintencionadas» lindezas. A estas perlas tambien le acompañaban otras como «Está tan gordo que cuando quiera andar no será capáz» «No lo tengas tanto en brazos que lo estás malcriando» «¿Para qué le das teta si no la ha pedido?». Estos comentarios tan «cariñosos» siempre venían de acérrimas defensoras del biberón, y lo único que conseguían era aumentar mi rechazo hacia el biberón y quienes tanto lo defendían. (Por cierto, mi niño comenzó a andar con 7 meses, y con 9 ya lo hacía completamente solo. Sobran los comentarios).

Y así fueron pasando los meses, unos rodados, otros con molestias de nuevo. Unos durmiendo bastante bien, otros durmiendo horriblemente mal. Cuando se hacía tan duro como para pensar en rendirme al biberón me decía a mí misma «sólo un día más, hoy ha sido muy duro pero inténtalo sólo un día más». Y al día siguiente siempre era mejor, lo suficientemente bueno como para querer continuar.

Hasta que llegó un día en que mi nene se hizo consciente de que yo era su alimento, que detrás de la teta estaba mamá. Ese día me miró con unos ojos, con un amor, una ternura, una emoción…. es algo que no podré olvidar en mi vida. Entonces comenzó a acariciarme el pecho, la cara, a sonreír en la teta… y ese día supe que todas las noches en vela, las grietas, los dolores, la esclavitud que es a veces la teta, merecen tantísimo la pena que si volviera atrás repetiría sin dudarlo ni un instante.

Desde ese día todo cambió, y ahora cuando mi niño se pone al pecho ya no es un momento de comer y de cariño, pues el orden se ha invertido; ahora es un momento de AMOR, de mimos, de miradas tiernas, de juegos, de risas, y de caricias… suyas, mías, y también de papá. Porque el pecho no excluye a papá, digan lo que digan. Mi marido ha disfrutado tanto como nosotros de la lactancia, hasta el punto de que estoy segura de que a veces ha deseado poder dar él también la teta. Me ha acompañado en los momentos duros, y ha disfrutado de los bonitos; me ha puesto al nene a la teta, lo ha acariciado mientras yo le daba, ha sonreído al verlo a él sonreír en la teta, al verlo emocionarse al acercarse… y también al escucharle decir por primera vez TETA. ¡Qué día más bonito, y cuánto nos emocionamos los tres!

Son ya 17 meses de lactancia, y aunque la mayoría del tiempo es una experiencia preciosa, es verdad que aún hay momentos en que es duro. Pero en esos momentos, aún ahora, me digo «Sólo un día más». Y proyecto en mi mente todos esos momentos maravillosos que hemos compartido en la teta, que no son comparables con nada más que hayamos vivido. Y esos momentos hacen que quiera intentarlo, al menos, un día más.

No se cuántos días más habrá… pero de corazón deseo que sean muchos.

20 Comentarios

  1. Acabo de descubrir tu blog, por la semana de la teta, y me han gustado tanto estas últimas entradas que me pasaré por aquí a menudo, vaya, que me quedo a seguirte. Por cierto, la entrada de la orquídea, sin palabras me dejas!!! Tienes una orquídea feliz!! La mía no ha muerto aún, es de las que sobreviven, jeje. Tendré que buscar una orquídea feliz para que le pique la curiosidad, ¿no? Está con nosotros desde el día en que me puse de parto, que curiosamente era el día de mi cumpleaños.
    Besos!!

  2. ¡Qué bonito! Pensaré en tí y recordaré lo de «sólo un día más» que seguro que me es de ayuda cuando de a luz la semana que viene.

    Gracias por tus palabras (diminuka@hotmail.com)

    1. Diminuka, qué ilusión me han hecho tus palabras, no te lo puedes ni imaginar :))) No te pierdas las próximas historias, son todas muy interesantes. ¡Espero que algún día nos cuentes la tuya! Te deseo un ratito corto, y que puedas disfrutar de la lactancia tanto como nosotras. Un beso guapa!

  3. Gracias por pasarme el enlace para que lo leyera.

    Reconozco que aunque me ha emocionado y encantado, no es una vivencia de la que yo pueda participar. Como te dije, desde mi punto de vista eso que cuentas ocurre exactamente igual cuando das un biberón. Esos momentos tan hermosos de los que hablas en el momento de la alimentación también los hemos vivido nosotros, de otra forma, claro, pero los hemos vivido.

    No sé, ojalá algún día pueda tener esa experiencia y así poder comparar pero algo me dice que no voy a notar gran diferencia, así lo han dicho muchas mamis que han pasado por ambas situaciones.

    Gracias por compartirlo ! Un abrazo.

    1. Mamá contra corriente, vaya, tenía la esperanza de que te quedaras con la duda… Pero fíjate que tu hablas de «el momento de la alimentación», y ahí está el quid de la cuestión… que llega un momento que la teta deja de ser alimento y pasa a ser un momento de complicidad madre-hij@…

      En fin, yo tampoco tengo otra experiencia para comparar, así que esperaré pacientemente a que llegue tu segunda oportunidad y puedas comparar. ¡Ya me contarás entonces! Un besote y gracias por pasarte :))

  4. Hola, soy diminuka otra vez. Llevo ya casi cinco meses de lactancia y tu frase me está ayudando mucho porque estoy agotada. Después de 4 años y medio seguidos de lactancia estoy un poco cansada y hay días que tengo las tetas en carne viva. En fin, supongo que serán rachas porque el bebé aún es pequeño y tener tres hijos es agotador. Gracias de nuevo, de verdad.

  5. Ya estoy mejor, gracias por el apoyo. Cuando tenga un ratito (que es un poco difícil) escribiré mi historia de la teta que es bastante larga por si os interesa leerla.

    Un beso

    Diminuka

  6. Hola guapa! igual la impresión que tienes de mi opinión de la lactancia no es la misma que la de alguien que aplaude este post, pero: va por ti (plasplasplasplasplas… aplausos). Olé por esas narices de «un día más» que muchas no hemos sabido o podido sacar. Cierto es que mi lactancia muy cómoda hasta decir basta, pero sólo duró 4 meses porque tenía que empezar a viajar por trabajo y me resultaba imposible… pero conste que me parece de admirar tu valentía y perserverancia!

  7. Di a luz hace 4 dias y la lactancia me esta costando bastante porque aun no me ha subido la leche. Tengo momentos en los que quiero rendirne pero, gracias a ti, voy a intentarlo un dia mas.

    Gracias!

  8. Me ha encantado este post, lo acabo de leer porque llevo dos días descubriendo tu blog. Mi niña y yo llevamos 11 meses de lactancia, y me he sentido muy identificada con lo que cuentas porque también he recibido ese tipo de críticas, mi marido varias veces al verme pasarlo mal me ha sugerido dejarlo, y por mi cabezonería seguimos y estoy feliz de hacerlo. Mi momento de mayor crisis ha sido con los mordiscos!! pero sorprendetemente mi niña enseguida entendió que me hacía daño y en dos días dejó de hacerlo, pero recuerdo en ese momento pensar como tú: venga un día más, la dije: tú y yo podemos superar esto! y así fue.
    Un abrazo y gracias por tus blogs!!!

    1. Muchas gracias por tus palabras, ¡no te imaginas la ilusión que me ha hecho! Felicidades por esa nena y por vuestra lactancia, un besote gordo!

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