Diciembre se presentó como un mes muy desafión. Lo comenzamos con la varicela del peque a 15 días de las vacaciones, con sus correspondientes malabares para estar con él, cubrir las horas que tuve que faltar al trabajo, e ir actualizando el blog. Luego las vacaciones de Navidad; más malabares, aunque en éste caso tuve la suerte de que entre mi padre y mi hermana se pudieron hacer cargo de él. A la vuelta de vacaciones mis padres se fueron de vacaciones, así que de nuevo descontrol logístico, y mamá a la carrera todo el día: de casa al cole a llevar al peque, del cole al trabajo corriendo para no llegar tarde, del trabajo corriendo al cole a recogerlo de nuevo, del cole a casa a comer… y después de toda una tarde de juegos con el peque no te olvides de adecentar un poco la casa y preparar la comida del día siguiente.

¿El papi? Pues trabajando todo el día, y las (por suerte) tardes libres que ha tenido me ha tocado volver al trabajo a recuperar de nuevo las horas perdidas.

Yo me las prometía muy felices la semana pasada, pensando que por fin volveríamos a la normalidad… esa que consiste en que tengo que llevar al peque pero no recogerlo, en la que sólo me encargo de la comida en días alternos, en la que las tardes que libra el papi yo puedo aprovechar para organizarme un poco e incluso descansar si lo necesito… pues de nuevo otro virus nos ha hecho la jugarreta, y de nuevo -y sin haber recuperado fuerzas aún- tocan las carreras, las tardes en la oficina para recuperar horas, el maratón de mamá.

Estas cosas antes no me afectaban ni un poquito, la verdad, pero el embarazo se hace notar bastante, la barriga ya pesa lo suyo, la dieta me estresa por días, y venir a trabajar recién comida es odioso. En condiciones normales me comería algo ligero, pero con la diabetes gestacional tengo que comerme hasta el último gramo que me dice el endocrino, y luego me vengo a trabajar con la peque con ganas de guasa y  peleándole el sitio a mi estómago. Es super divertido, porque además la barrigota ya me choca con la mesa, justo justo en el punto más incómodo, vamos que me encanta venirme a la oficina por las tardes (nótese la ironía).

El resultado de este maratón personal es que cuando a la noche el peque se duerme y yo me siento a cenar, mi cerebro se desconecta y se niega a volver a conectar. Es como si dijera… «mira bonita, si te crees que después del tute que me has pegado desde las 8 de la mañana ahora me voy a poner a redactar florituras, la llevas clara«. Así que a partir de las 8 de la tarde soy incapaz de juntar 2 palabras. De hecho, ésta entrada la escribí en el móvil como pude mientras venía al trabajo tras dejar al peque en el cole, y la estoy publicando desde el trabajo, porque si espero a la noche sé que seguramente ya no verá la luz… Y es que, como ya habréis notado, el resultado directo de esa «desconexión cerebral» mía es que llevo días sin poder actualizar el blog.

En fin, el caso es que estaba yo con todo este lío de carreras, idas y venidas, liándolas en casa como en la ilustración que os pongo arriba y peores, soñando en secreto con mi baja maternal, y resulta que va la matrona y me dice que teniendo en cuenta la semana de embarazo en que estoy, y la diabetes y posibles complicaciones, vaya pensando en coger la baja, que no me queda mucho. ¿En la baja? ¿Ya? Si si, y sin tener ni idea de mi maratón personal me aconsejó que en torno a la semana 30 debería cogerla. Pues anda que si le llego a contar…

Sinceramente, si me dijera ésto a principio de embarazo me parecería descabellado y lo descartaría totalmente. Pero a estas alturas, viendo el cansancio que acumulo, lo que me queda por delante, la ciática que me acompaña a días alternos, el dolor de espalda que intenta hacerle la competencia… ya no lo veo tan descabellado, y aunque seguramente no sea la 30, tampoco creo que llegue mucho más lejos.

Y la verdad es que no puedo evitar soñar con esos días en que en lugar de estar todo el día a la carrera podré tomarme las cosas con calma, centrarme un poco más en mi minchiña, y  también en prepararme para ese día en que por fin la tendré entre mis brazos.

 

Y vosotras, embarazaditas mías, ¿también soñáis con la baja maternal?

 

ilustración de Andy Ward

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Una madre como tú
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