Mamá, ¡tú espera ahí!

Centollito,  casi tres años. Media tableta de chocolate derretida entre ambas manos y la cara.

mama tu ahi– mamá, voy  a lavarme las manos, voy yo solito, ¡tú espera ahí!

(Ante la puerta de la cocina cerrada, (levanta las manos absolutamente pringosas)

–  mamá, ¿ me abres la puerta?

(mamá la abre)

  •    ¡Tú espera ahí! (señalando el salón)

 

(Puerta del baño cerrada) 

– mamá, ¿ me abres la puerta?

(mamá la abre)

–  ¡Tú espera ahí!

 

(Luz del baño apagada)

– mamá,  ¿ me enciendes la luz?

(mamá la enciende)

   ¡Tú espera ahí!

 

 (Grifo de agua cerrado)

– mamá, ¿ me abres el grifo?

(mamá lo abre)

   ¡Tú espera ahí!

 

– mamá, ¿ me echas jabón?

(mamá le echa)

   ¡Tú espera ahí!

 

– mamá, ¿ me das la toalla?

(mamá se la da)

 

   Ya estoy mamá, me lavé yo solito

 

La independencia infantil es un concepto fascinante

28 Comentarios

    1. Si si, él los pasos los sabía de sobra, pero como tenía las manos manchadas y no quería ganarse bronca… pero tampoco quería que fuera con el xD Ainssss la independencia ¡qué difícil es! jajajaja

    1. Si si, yo aterrorizada pensando en cómo me iba a poner todo, pero parece que mi pesadez si que va surtiendo efecto jajajaja
      Un besote, lo mismo digo! ;D

  1. Venga, tampoco es tan malo.

    Si hubiera sido independiente (estilo adulto) hubiera pringado: pomo de la puerta, interruptor y grifo.

    Pero tienes razón, al mio también le ha entrado la manía de la intimidad y me dice que le espere fuera. Y eso que él puede entrar -y entra- cuando yo estoy en el lavabo haga lo que haga.

    1. Desde luego, de hecho pensé que sería lo que sucedería, y mira…

      A mí es que esta manía de la intimidad me hace mucha gracia, porque el mío igualito que el tuyo… pero vamos a ver majos, ¡qué intimidad, si no sabemos lo que es eso! jajajajaja

  2. Jajajaja, me ha encantado este post!! Que gracioso! Además es verdad! lo hizo todo el solo 😉
    Me has recordado una anécdota de la mayor, y una bolsa de lacasitos… Encima de la cama… Cara, manos, sábanas… Pero ni rastro de lacasitos. Hasta se le caía el liquidillo del chocolate por la boca, de tantos que tenía.

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