Llegaste a mi vida hace 8 años. ¡Ocho años ya!

Viniste a hacer realidad uno de mis mayores sueños: ser madre. Y me diste la vuelta como a un calcetín.

Tuve que aprender de nuevo quien soy y cuales son mis prioridades.

Aprendí el verdadero significado de la palabra AMOR, y también de ENTREGA y PACIENCIA.

Me enseñaste que da igual quien sea YO, es mucho mejor el NOSOTROS.

Me mostraste cuán equivocada estaba en tantas cosas… que el amor no malcría, que MIMAR y EDUCAR son verbos compatibles, que los brazos son el lugar donde se hacen niños seguros.

Me hiciste entender que tener la casa recogida y oliendo a limpia es importante, pero lo es aún más pasar la tarde jugando contigo en la alfombra o corriendo por el parque.

Tu, que viniste al mundo con los ojos abiertos de par en par, que mantuviste la mirada largos minutos a tu padre la primera vez que te tomó en brazos.

Mi niño testarudo y cariñoso, tan inquieto como inteligente, tan sensible y generoso. Mi niño precioso…

Gracias por enseñarme a ser MADRE.

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Una madre como tú
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