No sé a vosotras, pero a mí antes de ser madre eso del «parto respetado» me sonaban a chino, no lo comprendía. ¿Dónde estaba el problema? Tenemos partos bien controlados, en hospitales, nos ayudan con la epidural para que no nos duela, hacen todo lo posible para que sea rápido… ¿a qué viene tanto revuelo? ¿por qué

Después de dar a luz lo comprendí todo. Comprendí que no me tenían que haber puesto oxitocina, porque yo estaba dilatando MUY bien. Comprendí que no me tenían que haber puesto la epidural TAN pronto, porque eso me inmovilizó (literalmente), me obligó a estar tumbada e impidió al peque bajar. Comprendí que obligada a estar tumbada las contracciones dolían muchísimo, no lo hubiera soportado -creo- sin epidural. Comprendí que tuve una suerte INMENSA, así, con mayúsculas, porque a pesar de todo mi cuerpo siguió dilatando, porque a pesar de la sobredosis la epidural comenzó a esfumarse en el momento justo para que yo pudiera empujar, porque a pesar de la kristeller y de la ventosa a mi niño no le pasó nada, y yo me recuperé relativamente bien, y ambos nos libramos de una inne-cesarea.

Aquel día pensé que había tenido mucha suerte, que todo había ido muy bien, había sido un parto relativamente rápido y el dolor había sido inferior al que esperaba.

Hoy, mucho más consciente de cómo se debe hacer todo, pienso y reflexiono en cómo nos trataron, los protocolos innecesarios que nos aplicaron, en cómo intervinieron hasta el extremo en un parto que progresaba incluso rápido… en cómo me maltrataron. Si, me maltrataron, me hicieron tactos sin avisar ni preguntar, como en algunos «chistes» sólo faltó el fontanero por hacerlo…  Me trataron como a una niña pequeña, echaron a mi marido repetidamente y durante horas a pesar de  evolucionar de modo normal y estar en mi derecho de tenerlo a mi lado. En ese tiempo no le informaban de lo que estaba pasando, con la consiguiente angustia por su parte al pensar que algo podía estar yendo mal para que le tuvieran tanto tiempo fuera.  Me aplicaron oxitocina a chorro a pesar de mi muy buen ritmo de dilatación. Me aplicaron sin siquiera informar protocolos que no voy a detallar pero que todas conocemos y que son de todo menos dignos. Me amenazaron, dulce y veladamente, pero me amenazaron, con una cesárea «por no empujar suficiente», cuando era imposible que lo hiciera porque no sentía NADA de cintura para abajo, porque ellos me habían inutilizado.

Y pienso en la paz, toda la paz que a pesar de todo fui capaz de mantener durante el parto, la paz que creo que me libró de una inne-cesarea, la paz que, si me hubieran respetado, me habría permitido parir sola, digna, a un ritmo natural, con o sin dolor, pero sin duda con menos riesgos.

Cuando nació mi hijo no me sentí feliz, no me sentí eufórica, no lloré de felicidad, no me enamoré de él nada más verlo. Estaba tumbada en una camilla de un quirófano, con una vía en un brazo y no recuerdo qué en el otro, pues me habían preparado para cesárea, pero «me dieron una última oportunidad». Un señor ginecólogo acababa de subirse sobre mi barriga para “ayudarme”. Yo acababa de realizar 3 pujos con tanta fuerza como su estuviera empujando un tren, segura de que o los convencía con el primero o me abrirían en canal. Una señora ginecóloga  “me ayudó” tirando de mi hijo con una ventosa. Y mi madre, enfermera veterana de UCI y curtida en grandes batallas, observaba desde la puerta del quirófano. Sólo la miré un segundo, el exacto para verla alejarse de la puerta con una cara de espanto que no olvidaré en mi vida. Hasta tal punto era dantesco el espectáculo.

 

Así nació mi hijo. La primera vez que lo ví estaba tumbada con los brazos en cruz,  una enfermera me lo acercó a la cara para que lo viera. Ahora, recordando, entiendo por qué en ese primer momento me sentía  total y absolutamente bloqueada.

 

En los últimos meses 3 madres amigas han dado a luz en su casa: Carol, Ira y Eli. No por decisión, querían un parto respetado pero habían decidido parir en hospital «por seguridad», aunque querían realizar el máximo trabajo de dilatación posible en casa… pero los peques tenían prisa por nacer y no les dio tiempo a salir de casa. En los tres casos era su segundo hijo.

Yo cuando me planteo un segundo parto en lo primero que pienso es en realizar el máximo trabajo de dilatación posible en casa, para evitarme que me vuelvan a intervenir tanto. Cosa que, por otra parte, es lo que te recomiendan los ginecologos.  Y, sinceramente, me da miedo que me pase lo mismo que a estas tres madres, verme en la misma situación.

Pero no se qué me da más miedo, parir en casa y sin asistencia o parir como la primera vez.

Si me preguntas: no, no volvería a parir con epidural. No me ayudó, ayudó a que tuviera un parto más difícil. Al poner epidural te tienen que poner oxitocina, y la combinación de ambas cosas detuvo mi parto, parto que sin epidural habría progresado a mucho mejor ritmo. Hoy lo sé.

Los hospitales en general lo están haciendo mal, muy mal. Si no realizaran una intervención tan excesiva como innecesaria, si no nos vejaran como lo hacen, si no nos obligaran a situaciones y protocolos que únicamente piensan en su comodidad, las mujeres no pretenderíamos llegar con el bebé casi asomando.

Por fortuna hay algunos hospitales que ya está haciendo bien las cosas, pero mientras sean la excepción y no la mayoría seguirán siendo necesarios semanas internacionales y asociaciones como El parto es nuestro.

 

Y tú, ¿tuviste un parto respetado?

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Una madre como tú

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