Poner la epidural en el parto, o no ponerla, es algo que todas las embarazadas se plantean, que suele generar bastantes dudas, y la mayoría tenemos que decidir si usarla o no llegado el momento del parto. Aunque se supone que nos informan muy bien, lo cierto es que, tras vivir dos embarazos con sus correspondientes partos, mi experiencia es que no se nos informa todo lo que se debería, ni se nos prepara para un parto minimamente intervenido.  Hay hospitales que brindan mucha información, cada vez más, pero aún así creo que seguimos sin tener suficiente información, sobre todo teniendo en cuenta los estudios que están saliendo haciendo referencia a cómo afecta al bebé, algo que, al menos a mí, no me explicaron en ningún momento.

La epidural: ¿qué es?

La epidural es tipo de analgesia (alivio del dolor) que se utiliza en muchos campos de la medicina. En el parto, la analgesia epidural se utiliza como método de alivio del dolor de las contracciones. Es una técnica invasiva porque para ponerla es necesario acceder al espacio epidural, entre las vértebras lumbares, y colocar un catéter (como los de los sueros, pero más largo) a través del cual se irá introduciendo poco a poco y de forma continua la medicación. Las recomendaciones para poner la analgesia epidural varían según el tipo de parto.

En un parto normal, lo aconsejable es poner la epidural cuando el parto está en curso, es decir, que haya un mínimo de 3-4 cm de dilatación, que las contracciones sean rítmicas e intensas (al menos 3 cada 10 minutos) y el cuello del útero esté borrado al menos la mitad.

Cuanto más tarde se inicie, menos interferencias sobre el proceso del parto. No merece la pena poner la epidural cuando el parto está muy avanzado (8-9 cm) pues tarda un rato en iniciar su efecto y para cuando vaya a ser efectiva puede estar ya entrando en la fase expulsiva. No olvidemos que la epidural no está libre de riesgos y tiene efectos secundarios, por lo que hay que valorar siempre si compensan las ventajas sobre los inconvenientes y que hay otros métodos de alivio del dolor. (cita y más información)

El pack parto con epidural

El poner la epidural por lo general implica otra serie de intervenciones, como poner oxitocina, pues en muchos casos al poner la epidural las contracciones se vuelven más lentas, llegando en algunos casos a detenerse. . .  así que se hace necesario el uso de oxitocina sintética para forzarlas y que el parto progrese. El expulsivo suele ser más largo, con lo que aumentan las posibilidades de otras técnicas instrumentales como ventosa, fórceps, episiotomía, y también de cesarea.

 

Mi experiencia con la epidural: mal

Ya os lo digo así de primeras: mi experiencia con la epidural fue mala.  Me la pusieron demasiado pronto, no estaba ni de 4 cm. Y en cuanto acepté que me pusieran la epi, me colocaron una vía de  oxitocina, que pusieron «a tope» (según sus propias palabras), para a continuación obligarme a estar tumbada. Contracciones + estar tumbada = más dolor. Oxitocina = más dolor, porque fuerza el ritmo, aunque con la epidural no lo notas, claro… a menos que te toque una matrona carnicera bruta como la que me tocó a mí, que me puso la oxitoncina antes, así que ya os podéis imaginar lo que dolía aquello.

Para más inri, en mi caso la epidural no funcionó bien, algo así como que la vía no entró adecuadamente, con lo que me la tuvieron que poner por segunda vez. Y esta segunda vez se les fue la mano con la dosis, con lo que me dejó totalmente dormida de cintura para abajo. Y las contracciones se pararon.

No, no dolía, de hecho me podrían haber abierto en canal y no me habría enterado. Lo tengo claro porque no me enteré de los mil tactos que me hicieron para ver cómo evolucionaba. Y por supuesto, no notaba las contracciones; ni las contracciones, ni mis piernas, ni mi culo, ni nada de nada. Como le dije al obstetra, podría salir un camión por allí que ni lo notaría.

Como consecuencia de ese exceso de anestesia mi cuerpo dejó de trabajar. El bebé no descendió por el canal de parto,  y yo no podía ayudarle, porque al no sentir nada no podía empujar. Ni siquiera podía ponerme en pie, para que la posición y la fuerza de la gravedad le ayudaran. Puede parecer banal, puedes pensar «oye, no te dolía, no te quejes».   Pero mientras yo no sentía nada la oxitocina siguió trabajando, y llegué a dilatación completa, con lo que a consecuencia de esto casi me tienen que hacer una cesárea, porque el peque ni se movía y además estaba girado, y ellos empezaban a tener prisa.

Y fue «casi cesarea» porque ya en quirófano, ya preparada para intervenir, «me dieron una última posibilidad de empujar». Porque la culpa era mía, no vayáis a pensar, no se privaron en reñirme por no empujar bien. A pesar de estar completamente dormida de cintura para abajo. En fin. El caso es que mi cuerpo empezaba a despertar, así que pude empujar, y decidieron probar con ventosa antes de intervernir. Sin decirme nada me hicieron una episiotomía, supongo que para facilitar el trabajo a la ventosa. Y sabiendo que o  mi hijo salía o iba a cesárea empujé como si me fuera la vida en ello. Y ellos, que también se querían ahorrar la cesárea, aprovecharon para hacer también una kristeller. Y el pack ventosa + kristeller + empujar a lo bestia funcionó. No, no me pidieron permiso ni me informaron de la kristeller, ni de la ventosa, simplemente actuaron, y yo estaba demasiado ocupada intentando ahorrarnos una cesárea a los dos como para protestar.

No me dolió. No sentí el corte de la episiotomía, ni siquiera la brutalidad de la kristeller. Pero mi sensación cuando salió mi hijo era de cualquier cosa menos de felicidad. Alivio creo que sería lo más adecuado.

Se pasaron un buen rato cosiéndome el desaguisado que me habían hecho, me debieron hacer un desgarro tremendo porque me tuvieron que dar un montón de puntos internos, y unos cuantos externos. Y salí del quirófano diciendo a mi marido «cuando quieras repetimos», porque en ese momento estaba tan aliviada de que todo hubiera salido bien que no vi más allá. Mi sensación en días posteriores era extraña, recordaba el parto y sólo podía llorar y llorar, sin saber por qué, pero no era de felicidad. Así fue durante mucho tiempo, hasta que me fui haciendo consciente de que al modo en que me habían tratado se le llama violencia obstetrica .

Hoy creo que habría puesto una queja por el nefasto manejo del parto, porque si tan sólo me hubieran dejado dilatar a mi ritmo creo que habría sido un parto mínimamente intervenido. Si tan sólo hubieran dejado progresar, una vez puesta la epidural, si me hubieran dejado moverme… en fin. Tenían prisa, está claro, y no había motivos, porque yo estaba bien, mi hijo estaba bien, pero entré a las 7 de la mañana sin haber dilatado nada y a las 2 ya había nacido. Para ser una primeriza es bastante rápido.

 

Mi parto sin epidural: mil veces mejor

Tras un primer parto tan nefasto, tenía claro que si volvía a ser madre intentaria parir sin epidural. No sabía si sería capaz, no sabía si podría soportar el dolor, pero quería intentarlo. Y llegó mi segundo embarazo, y con él un factor en contra muy importante: diabetes gestacional. Y además me estaba inyectando insulina. Esto, llegado el momento del parto, significaba que me tendrían que poner dos vías en cuanto pisara el hospital: una de glucosa y otra de insulina. Esto lo hacen para poder controlar los niveles de glucosa en sangre.

Además, según me informaron, al tener diabetes gestacional se me negaba la opción de usar la bañera de partos. La bañera de partos y todo el pack «parto respetado», me lo dejaron bien claro en la reunión informativa sobre el plan de parto. Yo podía poner lo que quisiera en el plan de parto, pero al tener DG había que seguir el protocolo; no podría pasear, por las vías, y tendría que estar tumbada para que me monitorizaran. Nada de medidas de parto sin dolor alternativas. Si no quería epidural lo respetarían, pero con todo lo demás no tenía opción. La cosa pintaba mal.

Así que tenía que conseguir llegar al hospital dilatada casi a tope, para evitar repetir toda la historia. Pero tenía que tener cuidado, porque los segundos partos dicen que son mucho más rápidos… y corría riesgo de parir en casa, algo que no quería por nada del mundo, la verdad. Respeto los partos en casa, pero al pincharme insulina había riesgo de que mi pitufa hiciera una hipoglucemia al nacer, así que necesitaba la seguridad de un hospital.

No repetiré el relato entero porque ya conté mi parto sin epidural (pincha para leerlo), pero en resumen me desperté con una contracción de las dolorosas, comencé pasear y a controlar el tiempo para saber cómo evolucionaba, y cuando me quise dar cuenta (ni una hora) apenas podía andar, así que tuvimos que salir para el hospital a toda prisa…  sólo tardamos 15 minutos en irnos (el tiempo de avisar a mis padres y que vinieran), no estaba ni a 10 minutos del hospital… y llegué en dilatación completa, y ya con ganas de empujar.

Tuve la suerte de que esta vez me tocara una matrona muy respetuosa, que me puso las obligatorias vías pero intentando no molestarme, me dejó estar de pie y moverme y parir en la posición que elegí.

Esta vez di con una matrona que actuó de modo que permitió a mi cerebro «seguir a lo suyo», de hecho recuerdo esos momentos como en una nebulosa, apenas recuerdo qué hizo ni qué me dijo,  lo cual es señal de que hizo un gran trabajo, porque no hizo que mi cerebro se centrara en ella, le permitió seguir pendiente del parto.

Parí de pie porque era la postura que quería mi cuerpo, en cuanto intentaba sentarme o tumbarme me dolía como si me pincharan mil agujas, y ella se adaptó a ello. El momento del expulsivo fue muy intenso, y aunque fue breve (quizás 15 minutos) a mí me pareció eterno. Pero en cuanto mi niña salió completamente, todo el dolor desapareció, y sólo sentí paz.  No hubo desgarros, no hubo puntos, ni ninguna clase de complicación.

¿Duele el parto sin epidural?

Si, no te voy a mentir: duele. Pero el parto con epidural también duele. Date cuenta que hasta que te ponen la epidural, tienes que dilatar, y las contracciones de parto ya son de por sí dolorosas. Además, sucede mucho que cuando saben que vas a poner epidural te ponen oxitocina desde el principio. Y eso hace que duelan más. Y te hacen estar tumbada, para monitoriza al bebé. Y eso también hace que te duelan más.

En cambio, cuando no vas a poner epidural no suelen poner oxitocina (a menos que sea imprescindible o sean un poco bestias, que también puede pasar), con lo que no es necesaria la monitorización contínua. Si además vas con la idea clara de tener un parto natural, y te permiten estar de pie, moverte a tu ritmo, si te dan alternativas como la bañera o ducha de agua caliente,… todo eso ayuda, a que no duela y también a dilatar.  Además, el cerebro tiene sus propias herramientas para manejar el dolor, herramientas que funcionan cuando la mujer no está en alerta (como sucede en un parto demasiado intervenido)… y si se le deja hacer,  si se pone a la mujer en un ambiente tranquilo donde actúe en libertad, sus herramientas funcionan muy bien.

¿duele el parto natural, sin epidural? Si, duele, pero no como crees.

Volvemos a la pregunta inicial: ¿duele el parto natural, sin epidural? Si, duele, pero no como crees.  Pero es un dolor distinto a los demás, muy llevadero, y además te sientes como desconectada, no sé cómo explicarlo pero es algo en lo que coincido con otras mujeres que han tenido partos similares al mío. Hay un momento, cuando la cabeza de tu bebé se encaja en tu pelvis, que parece que se detenga el tiempo y el espacio y que no se vaya a terminar nunca. Ése es el momento más complicado. Pero en el momento en que tu bebé sale completamente, el dolor desaparece como por arte de magia.  Te aseguro que el dolor de la episiotomía y el zurcido interno de mi primer parto no desapareció así de rápido. Y en ese primer parto las molestias en los días posteriores fueron tremendas, en el segundo no tuve ni la más mínima molesta.

Parto con epidural vs parto sin epidural

parto en bañera

parto en bañera. Katie Mathis

Tras leer ambas experiencias, imagino que ya sabéis cuál va a ser mi conclusión: para mí fue mucho mejor parir sin epidural.

Quizás te sorprenda lo que voy a decir, pero recuerdo mucho más doloroso el primer parto que el segundo. Me dolió más parir con epidural que parir sin ella. El dolor de las contracciones con oxitocina es brutal, y estando tumbada me resultaba terrible. Además era un dolor que se me iba a los riñones, y llegó un punto, con sólo 4 cm, que ya no soportaba ni que me tocaran.

En el parto sin epidural, el dolor era más una gran molestia, y conforme aumentaba en intensidad, mi cerebro parecía alejarme de él. Eché de menos tener preparación para un parto sin epidural, haber tenido una matrona que me explicara cómo centrarme en la respiración en lugar de centrarme en el dolor, cómo desviar mi atención hacia mi niña. Lo hice como pude, y fui consciente de que el dolor cambió cuando solté el móvil para concentrarme en lo que estaba sucediendo. Sé que sonará un poco místico, pero desconectar de distracciones permitió a mi cerebro tomar las riendas e intentar alejarme del dolor, aunque yo estaba demasiado alerta (por mi miedo a parir en casa) como para relajarme y dejarle hacer al 100%.

¿Me aconsejas parir sin epidural?

Me hace mucha gracia porque todo el mundo se sorprende de que pariera sin epidural por decisión propia, como si fuera una gran hazaña. No les culpo, hasta hace nada en Lugo no se ponían epidurales, las negaban siempre, así que tras años de lucha para tener esa opción, sorprende que alguien renuncie a ella. Así que las embarazadas suelen interrogarme sobre como fue mi parto, mis motivos, y mi conclusión comparando ambos. Mi consejo a todas las embarazadas que me preguntan es: inténtalo, intenta parir sin epidural. Prepárate para un parto respetado e intenta parir sin epidural. Y si finalmente sientes que la necesitas, no pasa nada, pídela. Cada embarazo, cada parto es distinto, cada persona siente el dolor de distinta manera, tampoco hay que cegarse.

Preparar un plan de parto, conocer las medidas alternativas para mitigar el dolor, aprender técnicas de respiración y relajación para el parto, prepararse psicológicamente para ese momento, ese dolor, esa desconexión… son cosas que no hacen daño a nadie, no ponen en riesgo a tu bebé. Es lo que debería hacer cada embarazada, lo que nuestro sistema de salud le debería ofrecer a todas, es la forma más sana y natural de que un bebé nazca.

Poner oxitocina, epidural, hacer una episiotomía… no dejan de ser intervenciones médicas. Están bien cuando son necesarias, que a veces lo son, pero eso no quiere decir que se deban a hacer a todas las mujeres, en todos los partos, ni que sean inocuas, ni que sean la mejor opción. Para mí , desde luego, no lo fueron.

Por eso, mi consejo si estás embarazada es que te prepares bien, que te prepares para todas las opciones, incluida la cesárea, porque nunca se sabe cómo pueden transcurrir las cosas.  Y, llegado el momento, ya decidirás en función de como transcurra todo, de cómo te sientas, de lo que te ofrezcan. Y que, sea lo que sea lo que decidas, que haya alguien a  tu lado defendiendo tu decisión, mientras tú te centras en lo importante: tu parto y tu bebé.

El buen parto es aquel en que la mujer siente que las cosas han sucedido como tenían que suceder, que se ha hecho lo mejor para ella y para su bebé, respetando sus deseos.

mujer con bebé recién nacido

Foto: Elise Hurst

¿Cómo fue tu parto, con o sin epidural? ¿Repetirías?

  • foto principal de REBECCA COURSEY

    si te ha parecido interesante, ¡comparte por favor!
Si te gustó, ¡compártelo!
Una madre como tú

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.