dos hijos
Maternidad

¿Queremos a nuestros hijos igual? {Madres como tú: Lai}

Casi 10 años atrás me fui a la aventura a 13.000km de mi casa, de Barcelona a Santiago de Chile. Me iba por un año, y ahora estoy casada con un chileno y tengo 2 hijas! Esas dos pequeñas terremoto que han puesto patas arriba mi mundo, que han cambiado mis prioridades, que me hacen mirar las cosas de otra manera y que me ayudan a intentar ser cada día la mejor versión de mi misma, aunque a veces me vuelvan un poco loca, son la inspiración de mi blog, Asi piensa una mamá (www.asicomolopienso.com) donde cuento mi particular versión de la bimaternidad, las actividades que hacemos con las terremotos, y cómo es ser madre a muchos muchos kilómetros de casa.

 

¿Queremos a nuestros hijos igual?

Esta es una pregunta que viene rondándome la cabeza. Si tienes dos hijos ¿les quieres igual a ambos? Pues, tengo que confesar, que ¡No! No puedes querer a tus hijos igual, tengas 2, 3, 4 o los que sean. Y no sé si está bien o tengo que sentirme culpable pero que nos pasa a todos ¿Creías que sí querías a tus hijos exactamente igual? Pues yo creo que no es posible.

Espera espera esperaaaaaaa, antes que te pares aquí pensando que estoy diciendo una barbaridad. No hablamos de cantidad de amor. Que ya sabemos que las madres y los padres tenemos un corazón que se expande de amor. Tienes el primer hijo y piensas que no puedes querer tanto a nadie, y le dirás 20 veces que le quieres más que a nada…pero también se lo dirás a tu marido (o esposa) y también quieres a tus padres ¿no? Y después nace el segundo y le quieres más que a nadie…pero no más que a su herman@ claro. El corazón se amplia, se agranda, crece y cabe mucho amor para todo el mundo, vamos.

Peeeeeeero, no hablo de medir cantidades de amor.

No hablo de cuánto, hablo de cómo. Yo estoy criando a dos pequeñas terremoto bajo el mismo techo, y me convenzo que lo hago de la misma manera. Pero la realidad es que no es así. Ellas son diferentes, y yo voy creciendo como madre (o eso quiero creer) y he hecho las cosas de forma diferente con una y con la otra. Con la primera iba con pies de plomo, me creía a pies juntillas lo que decían los expertos aunque no me gustara hasta que mi instinto me despertaba dándome un tortazo para que hiciera lo que tenía que hacer, aceptaba consejos que no quería, y casi que la llevaba entre algodones. Además de cagarla fallar en unas cuantas ocasiones. Llegó la segunda y decidí iniciar una maternidad más al estilo ZEN, para que nadie entorpeciera en todo lo que había aprendido, porque yo ya sabía de qué iba la cosa y lo sabía todo. Ja! Tortazo al canto. Ella no era como su hermana, no quería las mismas cosas, no iba a necesitar lo mismo, y yo no lo sabía todo, por supuesto. Había que seguir aprendiendo. Y seguimos aprendiendo.

Pues con el amor, con el querer, creo que es igual. Ellas tienen necesidades diferentes, requieren atenciones diferentes. No puedo quererlas de igual forma, no puedo demostrarles mi amor de la misma manera. La mayor no quiere abrazos casi nunca, pero sabe que estás ahí si te sientas junto a ella a ver su serie favorita o leerle un cuento. La pequeña pasaría abrazada a mi cual koala 24 horas al día, y no le sirve que te sientes al lado, ella quiere estar literalmente encima. La mayor no te dirá “te quiero” excepto en contadas ocasiones, pero puede regalarte millones de dibujos llenos de corazones. La pequeña seguro te dirá que te quiere unas 10 veces al día, y pedirá que se lo digas tú también.

Si les expresara mi cariño de la misma manera a ambas, fuera cual fuera, a una de las dos le llegaría más que a la otra, o quizá no les llegara a ninguna. Quizá abrumaría a la mayor y le provocaría rechazo si fuera tras ella todo el día achuchándola con abrazos y preguntándole si me quiere mucho. Quizá la pequeña no sentiría que la quiero mil si me sentara a su lado a leerle un cuento o ver la tele sin que pudiera sentarse encima de mí o sin decirle lo mucho que la quiero.

Ellas me han enseñado que no hay una fórmula perfecta, por qué nada es “lo mejor”, me han demostrado que lo más importante es conocer las necesidades de la persona que tienes enfrente. Mirarla a los ojos, ponerte en su lugar, comprenderla y transmitirle tu amor de la forma que lo necesita.

No quiero a mis hijas igual, las quiero hasta el infinito a ambas,

pero a cada una a su manera.

 

[testimonial name=”” img=”” subtitle=””] Si te apetece seguir a Lai puedes leerla en su blog Así piensa una mamá[/testimonial]

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2 Comentarios

  • Responder
    Aprendemos con mamà
    8 mayo, 2016 at 21:18

    Eso mismo queremos a cada uno a su manera

  • Responder
    La maternidad de Krika en Suiza
    9 mayo, 2016 at 08:02

    Pues totalmente de acuerdo con Lai, cada uno es diferente y tiene sus propias necesidades y lo importante no es tratarlos a los dos iguales, sino tratarlos a cada uno como requieren ser tratados por su peculiaridades.

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