Maternidad

Segundo año de guardería: muchos cambios

Segundo año de guardería: muchos cambios

A punto de terminar el segundo año de guardería del peque, echo la vista atrás y no puedo estar más que agradecida. Con todo el personal, con su maestra y con la directora.

Bendito el día que lo apunté allí.

En la vieja guardería, siempre que lo llevaba se quedaba llorando, aunque si lo llevaba el papi se quedaba un poco mejor.

En esta se quedó un poco asustado -que no llorando- el primer día, pero cuando lo fui a buscar me dijo “Mamá mañana volvemos aquí“. No os podéis imaginar el peso tan tremendo que me quité de encima.

Los días siguientes protestó un poco, incluso lloró alguno de los días, otros quedaba intranquilo, pero al buscarlo siempre estaba contento. Yo le preguntaba si quería volver al dia siguiente, y la respuesta siempre era SI. En una semana ya comenzó a quedarse contento.

Aun así,  la adaptación se hizo notar, estuvo nervioso los dos primeros meses, lloraba muy fácilmente, dormía mal… en fin que pese a estar contento y adaptándose bien le afectó.

A pesar de esto, la diferencia empezó a notarse a otros niveles a la semana siguiente. La vieja guardería nos había dejado de regalo un rechazo absoluto al orinal. Como ya conté en “Operación pañal“, el cambio a la nueva se notó casi desde el primer día. Con sólo una semana en la nueva comenzó a pedir de nuevo pis, comenzó a querer sentarse en el wc “de mayores”, y en dos semanas más ya se le notaba tan preparado que le sacamos el pañal.  Éxito absoluto.

Además de éste, también alcanzó otro logro inimaginable en la anterior: dormir la siesta.  En esta guarde Escuela Infantil los ponen a todos a dormir, cada uno en un camastro, y les pedí que por favor lo intentaran al menos unos días pues creía que al dormir todos juntos lo conseguiría. Dicho y hecho, al tercer día ya dormía la siesta entera.

Otro logro alcanzado en Escuela fue aprender a pedalear. Cada día los ponen un rato con bicis y motos para que hagan ejercicio, y él ya hacía intentos de pedalear, aunque aún no tenía fuerza suficiente en las piernas. Pero gracias a la oportunidad de hacerlo cada día en la guarde en dos meses ya pedaleaba. Dos años y medio y pedaleando como un loco…

Todos estos logros se debieron sin duda a la filosofía de esta Escuela, que es el respeto por los ritmos de los peques, el no forzarlos, pero si guiarles y acompañarles. Además buscan también su autonomía, por ello comen todos juntos en un comedor, duermen siesta todos juntos en aula, van al W.C. desde que empieza el curso, etc.

También han realizado actividades divertidas al tiempo que educativas, como hacer pan, plantar en el huerto y recoger, hacer galletas, germinar semillas, hacer una excursión a recoger hojas… y unas cuantas fiestas: de cumpleaños, de navidad, en Arde Lucus, ahora en fin de curso…

En general se lleva muy bien con todos los niños de su clase, y  ha hecho muy buenas migas con varios de sus compañeros. Por desgracia  no coincidirá con ninguno de ellos en el colegio, aunque estoy segura de que nos seguiremos viendo en los parques, pues frecuentamos los mismos, y además varias mamás hemos hecho buenas migas.

Y como las cosas no son blancas o negras, debo decir que también ha habido algunas cosas malas.

La primera es que creo que han hecho demasiadas fichas, y además de un modo erróneo. Es una impresión que tengo desde mediados de curso, básicamente porque el peque empezó a no querer pintar ni dibujar, cuando  antes le encantaba. Además, las pocas veces que lo hace se queja mucho: lo hago mal, mamá me salgo, no se pintar… lo hago mal, la profe dice que no hay que salirse. Ésta última frase me cabreó mucho, pues vino a confirmar mis sospechas ante el rechazo a pintar. Así que le dije que en el cole hiciera como le dijera la profe, pero que en casa pintaba como él quisiera, saliéndose, a rayas, a puntos… como le apeteciera. Su cara de frustración se convirtió en una sonrisa.  Aun así, casi nunca quiere pintar, y siempre le tengo que recordar que puede hacerlo como quiera.

También ha comenzado a rechazar comidas que le gustaban, y a decir “qué asco, ¡eso no lo quiero!“. La primera vez me quedé A-L-U-C-I-N-A-D-A porque es un niño que o come o no come, pero no decía esas cosas, y además fue con una de sus comidas preferidas… ¡los guisantes! Así que me quedó claro de dónde provenía la frase y el “asco”. Al principio me sentó fatal pero me di cuenta de que era una estupidez, le expliqué que la comida no era nunca un asco y que si no lo quería que lo dejara, y fin del asunto. Pero bueno en general sigue comiendo muy bien.

Y como sucede casi siempre en estos centros, ha habido castigos, aunque no tengo muy claro en qué consistían porque el peque se explica así como le parece… pero bueno, rincones de pensar y similares.

Seguro que hay más cosillas por ahí pero la verdad es que en general el balance de este año es muy positivo. Sigo pensando que ojalá no lo hubiera tenido que llevar  la guardería, pero al menos este año siento que no sólo no le ha perjudicado sino que en algunos aspectos le ha beneficiado.

Pero también os digo que no ha aprendido ni hecho nada distinto, mejor o antes que si hubiera estado este año en casa. Por si alguien lo duda.

 ¿Qué tal le ha ido este año a vuestros peques?

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8 comentarios
Roser 12 julio, 2013 at 08:54 contestar

Coincido casi en todo contigo. Ahora ya va la escuela “de mayores” pero mi sensación del último año de la escuela “bressol” fue la misma que tu, excepto en las cosas negativas… No tenían ficas, había los momentos de pintar “murales” pero salian como salian, creo que ha sido ahora cuqndo ha empezado a dibujar “bien”y el comedor perfecto, basicamente porque era muy mal comedora y ayudó mucho estar con otros niños…

Tardes de verano 12 julio, 2013 at 09:59 contestar

Hola guapa!Te leo pero es la primera vez que te comento. Has leído o visto en You Tube ponencias de Ken Robinson? no dejes de hacerlo, te va a encantar su manera de ver la educación. Mi niña es muy sensible y prefiere no hacer las cosas antes que pensar que las va a hacer mal, y he notado justo lo que dices, que cosas que antes le encantaban, ahora no las disfruta.El problema es el sistema educativo, que no respeta los ritmos de los niños y todo se basa en resultados finales. Así que intentemos equilibrar en casa permitiéndoles “salirse de la raya”. Besotes y enhorabuena por tu blog.

Mamá Burbujita 12 julio, 2013 at 11:21 contestar

Yo, la verdad, tengo un poco la misma sensación que tú con respecto a mi hija en la guarde.

Se adaptó bastante bien, y se la ve contenta con su profe y compañeros. Ha aprendido muchas cosas y en otros sentidos, como bien tú has dicho, a mi me gustan las cosas de otra manera… Pero bueno, la verdad es que partiendo de la base de que no la llevo por gusto, el balance no es malo.

Y, al igual que tú, también tengo claro que estamos en el mismo punto que estaríamos si se hubiese quedado en casa. Ni más, ni menos!. Los ritmos son los ritmos…

Un abrazo.

Las historietas de mamá 12 julio, 2013 at 18:01 contestar

Me alegro mucho de que el cambio haya sido a mejor, no hay nada como respetar a los peques y entender que cada uno tiene su ritmo y que más tarde o más temprano acabará haciendo lo que hace el resto, pero a su ritmo. Además a estas edades se nota mucho la diferencia entre los que son de los primeros meses del año y los que son de finales. Mi gordi es de diciembre y se notaba mucho, pero en su escuela siempre lo respetaron y le fue a las mil maravillas. Ella ya ha terminada su primer año de cole, aquí cuento como ha ido: http://lashistorietasdemama.blogspot.com.es/2013/06/y-por-fin-vacaciones.html Por si no lo viste. Un besote wapa!

Ser Educadora (BR) 13 julio, 2013 at 00:46 contestar

Yo creo que sí ha hecho algo distinto o antes a lo que hubiera hecho en casa, al menos es la sensación que me da leyéndote. De todas formas, me alegro que el cambio de escuela (porque los niños no se ‘guardan’) fuese a mejor, eso se nota muchísimo. Yo misma lo noto cuando los niños vienen de otro centro, o cuando yo misma llevaba a niños de un centro a otro. Normalmente cuando hacemos un cambio va a mejor y eso se nota enseguida. Yo soy anti-fichas total, es un fallo de muchas escuelas, las fichas sobran porque para aprender conceptos valen otras muchas cosas y así no tenemos a los niños sentados por que además no suelen aguantar demasiado tiempo con una misma actividad. Por suerte nunca he tenido que trabajar en un sitio donde hacían fichas y eso me hacía muy feliz,amén de que las clases son mucho más flexibles porque no hay ‘presión’ por acabar el cuadernillo (que además valen un dineral). De las comidas pues… el contagio con otros niños es normal pero también debemos enseñar o corregir en casa como bien has hecho tu, esas pequeñas cosas. Por lo que cuentas yo también creo que el balance es positivo y siempre hay que quedarse con lo bueno verdad?

Marta 15 julio, 2013 at 10:41 contestar

Yo estoy encantada con la guardería de mis hijas. Comenzamos con la mayor y ahora, que alguna vez va a recoger a la hermana, entra, saluda, se ve el cariño que tienen ellas hacia mi hija, y ésta hacia las profes.
Y la pequeña, empezo yendo con la hermana, y ahora este año que fue sola, ha mejorado un montón. Estoy super orgullosa de ambas. Y del buen trabajo y cariño que se hace en la E.I.

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