Antes de ser madre yo era una mujer muy independiente, pasaba muchas horas dedicada a mi trabajo, un trabajo en el que me sentía realizada y también valorada. Pero al convertirme en madre de repente algo cambio dentro de mí. Yo no entendía lo que sucedía, pero de pronto mi trabajo ya no me parecía tan importante y dejé de necesitar ir siempre súper arreglada y también de dedicar tanto tiempo a los demás.
 
De repente lo único que me parecía importante era mi hijo y sólo quería dedicarle mi tiempo a él.
Este gran cambio supuso un revulsivo para mí y necesite un gran trabajo de introspección para reconocerme de nuevo.
Toda mi vida me habían dicho que lo importante era que tuviera buen aspecto, que fuera siempre bien arreglada, que dedicara el máximo tiempo posible a mi trabajo para poder prosperar… y que de este modo me sentiría realizada y feliz. En ese momento, en cambio, lo que a mí me hacía sentir realizada y feliz era pasar el máximo tiempo posible con mi hijo, ocuparme de su crianza y cuidados.
Todo esto supuso un cambio no sólo mi manera de verme a mí misma y de ver al mundo, sino también de ver mi trabajo.
 Seguía siendo importante para mí, pero no más que mi hijo, por lo que reduje las horas todo lo que pude, de modo que nos llegara para poder pagar las facturas pero sin tener que dejar a mi hijo todo el día con extraños y poder poder disfrutar más de él. 

Porque, ¿qué sentido tenía tener un hijo si luego yo me pasaba todo el día fuera, trabajando? Eso no era lo que yo quería.
Esto, que a ojos de otras personas puede parecer un lastre laboral, para mí fue en realidad un motivo de crecimiento personal y laboral, y fuente de nuevas oportunidades que antes ni siquiera imaginado. Unos meses después de volver al trabajo comencé a escribir este blog, y poco a poco fui volcando en él lo que la maternidad estaba suponiendo para mí. La consecuencia inmediata fue retomar mi pasión por la lectura y la escritura, algo que había dejado totalmente de lado, pues mi trabajo en una fuente de gran estrés para mí y al llegar la noche lo único que hacia era ver un poco la tele antes de dormir; estaba demasiado cansada para leer y ya no digamos para escribir.
 
Cuando comencé el blog seguía estando muy cansada pues, aunque trabajaba a media jornada, pasaba las tardes con mi hijo y de noche apenas descansábamos (en aquel tiempo él dormía fatal), pero en cambio tenía una necesidad enorme de escribir y compartir lo que sentía, y eso era más fuerte que ningun agotamiento.
En esos momentos mi imagen personal estaba muy alejada del ideal de belleza, con mucho sobrepeso y sin tiempo ni ganas de maquillarme. Es cierto que cuando me miraba en el espejo muchas veces no me gustaba lo que veía, pero creo que en realidad lo que más me disgustaba es lo que veía en los ojos de otras personas al mirarme.
La sociedad en general no acepta bien que tú no sigas el camino marcado para las madres, que es mantener su dedicación laboral al completo, seguir siempre perfecta físicamente, dedicada a casa, familia, amigos… en resumen no permitir que tener hijos suponga cambios visibles en tu vida. Si «falla» alguna de estas facetas está mal visto. Si para más inri «fallas» en todas ellas y encima lo defiendes poco menos que es un pecado.
 
Es curioso, porque cuando abandonas todo para estudiar, todo el mundo te aplaude. Si lo haces para trabajar, todo el mundo lo ve como señal de esfuerzo y algo positivo. Si lo haces por tus hijos, entonces es algo tremendamente negativo. ¿No debería ser al revés? ¿Acaso no son los niños una parte importante de nuestra sociedad, de nuestra vida?
 
Personalmente creo que a ojos de otras personas desde que soy madre mr he echado a perder físicamente y he echado a perder mi futuro laboral. En cambio la realidad es que a raíz de ser madre y de retomar mi pasión por la escritura han surgido oportunidades que no hubiera podido ni imaginar como ha sido colaborar de manera semanal con una emisora de radio, escribir una revista de gran tirada, y otras que por ahora no os puedo contar. Y esto sin robar tiempo a mis hijos. ¿Creéis que soy una excepción? Yo diría que no.

Una frase que escucho continuamente es «ser madre sin dejar de ser mujer», como si fuera algo que se pudiera separar. Por otra parte, si no soy mujer, ¿qué soy entonces? ¿un hombre? Un poco incoherente, ¿no os parece? Porque personalmente el papel de «madre – hombre» lo veo más en las mujeres que deciden tener hijos y continuar su vida como si tal cosa… como han hecho los hombres de generaciones anteriores -y todavía algunos, por desgracia-.
 
Para mí, ser madre sin dejar de ser mujer significa poder tomar las decisiones que yo quiera. Si eso significa seguir con mi vida y trabajo como antes, fabuloso. Pero si significa renunciar a una parte de esa faceta y dar prioridad a mis hijos, también es fabuloso.
No olvidemos que la maternidad es algo propio de la mujer. Los hombres no pueden gestar. Los hombres no pueden parir. Los hombres no pueden amamantar.  Ser madre forma parte de ser mujer.
 
Hay que respetar a las mujeres que no quieren ser madres, a las que quieren ser madres y no cambiar su vida, pero también a las que quieren ser madres y dedicar su vida -o parte- a ello.

¿No os parece que ya va siendo hora de que se deje de despreciar el papel de madre?

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Una madre como tú
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