Si algo tenía claro para mi salón, además de que quería un salón de estilo nórdico, es que quería el sofá Kivik de ikea en color gris. Quizás para otra persona la elección del sofá tiene menos importancia, pero ya cuando compré mi primer piso fue el mueble que más me costó elegir, pues tenía muy claro lo que quería, y por aquel entonces no me resultó fácil encontrar un sofá que cumpliera todas las características.

Con la experiencia de haber comprado y usado uno durante más de 10 años, pasando de vivir sola a tener pareja y años más tarde niño, esta vez pude ver aún con más claridad todo lo que necesitaba que tuviera mi sofá perfecto. Y es que, con toda probabiliidad, el sofá será el mueble de toda la casa que se va a usar con más intensidad y durante más tiempo, así que no es para nada descabellado hacer un buen estudio de necesidades. De hecho, hay cosas que en mi otro piso no tuve en cuenta, y que en este, en cambio, si.

Por qué elegí un sofá de ikea

Hay varios motivos que hicieron que, desde un principio, tuviera clarísimo que, aunque cambiara de modelo, el sofá sería de ikea, pues todos sus sofás cumplen 4 requisitos que para mí son absolutamente imprescindibles:

Los sofás de tela de ikea son totalmente desenfundables

Lo pongo de primero porque es el motivo numero uno, sin lugar a dudas. Yo estaba muy contenta con el sofá de mi piso, pero cada vez que se manchaba era un drama, y ya con un niño era un drama continuo, aún poniendo fundas. Acabé aburrida de las fundas, de tener un sofá bonito pero siempre tapado, de hacer números para limpiar las manchas y en algún caso sudar tinta china hasta conseguirlo… y de no tener opción a cambiar el tapizado, y es que más de 10 años los gustos van cambiando, y el sofá verde que al principio me encantaba al final se me hacía pesado, pero sobre todo no resistía tanto trote que le dio mi niño. Ikea tiene varios modelos con funda de tela que son totalmente desenfundables, con lo que se puede lavar TODO. Esto, con niños (o mascotas…), lo considero irrenunciable.

Tan sólo unos meses después os puedo decir que BENDITA LA IDEA, porque ya vamos por el tercer lavado en alguna funda, y es que con niños, ya se sabe… y os puedo decir que, al menos las fundas que yo tengo, lavan de maravilla, secan rápido, y no acusan nada de nada los lavados, ni se arrugan… ¡son una maravilla!

Se pueden comprar fundas adicionales

La opción de poder comprar fundas adicionales me parece sencillamente fantástica, por varios motivos: por poder tener un juego de fundas de repuesto, por si las manchas. Por poder cambiar totalmente la apariencia de tu sofá, con lo que te cambia completamente el salón, y haces un cambio de decoración por muy poco. Porque ahora me encanta el sofá en gris, pero igual en cinco años me apetece en amarillo… disponer de esa facilidad de cambio en un mueble que tendrás muchos años me parece un punto muy destacable.

Por las garantías que ofrece Ikea

Podrías pensar que las mismas que cualquier tienda, pero yo creo que no. A mí personalmente el comprar algo en Ikea me da la tranquilidad de que sé que va a dar buen resultado, y, si no lo da, sé que van a responder. No hay más que ver los avisos que lanzan cuando descubren que algún mueble u objeto ha salido defectuoso, requiriendo su devolución. ¿Habéis visto a alguna otra tienda hacer esto? Porque yo, no.

Por qué Kivik es el sofá perfecto para mi salón

sofá kivik gris

Bien, ya tenía claro que quería comprar el sofá en Ikea, pero… ¿por qué un Kivik? No creáis que ha sido una decisión 100% cerrada; cada nuevo catálogo, o cada vez que me llegaban novedades, revisaba a ver si había algún sofá nuevo, y comparaba sus características con las del Kivik… pero ninguno es tan perfecto para mí como él. Os cuento por qué.

Por su diseño

Me gustan los sofás con diseños de líneas rectas; de hecho, si miráis las fotos de mi otro piso, veréis que el diseño era similar. Me gustan los respaldos grandes y cuadrados, que sean adaptables pero sin ser tan blandos como cojines, ni tampoco demasiado rígidos. Los reposabrazos, me gusta que sean anchos y bajos, pues tienen la altura perfecta para apoyar los brazos con total comodidad, y también para echar una siesta sin desnucarse. Hay otros modelos más modernos que me gustaron mucho, como el Karlstad o el Ragunda, pero que tenían los apoyabrazos más estrechos y altos, por lo que los descarté.

Por sus múltiples combinaciones

Una cosa que me requeteencanta de los Kivik es que tienen muchas posibles combinaciones. En nuestro caso, por ejemplo, escogimos un sofá de 3 plazas + chaiselongue; si queremos, podemos separar la chaiselongue, y convertirla en un asiento independiente del sofá, con lo que podríamos cambiar la distribución del salón, o incluso podríamos sacarlo a otra habitación si quisiéramos. Además, tienen versión de 2 y 3 plazas, y módulo esquinero, con lo que las posibilidades de combinación son casi infinitas, y adaptables a todo tipo de espacios.

Y os cuento que, desde que escribí este artículo por primera vez, la gama no ha parado de crecer, y ahora hay opciones que cuando yo compré el mío ni existían. Han sacado, por ejemplo, un sofá cama de 1 plaza sin reposabrazos, compacto, que de día funciona como un asiento individual con la misma estética Kivik de siempre y por la noche se despliega como una cama de 197 × 90 cm, ideal si tenéis una habitación de invitados pequeña o si simplemente os gusta tener un plan B para cuando alguien se queda a dormir. También tienen un reposapiés con almacenaje que al final es como tener una chaiselongue con la ventaja de que al ser separado también puedes usarlo como asiento extra, y que por dentro esconde un hueco para guardar mantas, mandos o ese batiburrillo que siempre acaba acumulándose en la zona del sofá, algo que, reconozcámoslo, nos pasa a todas. Y para salones más grandes, también cuenta con configuraciones en esquina y en forma de U de hasta 6 plazas, así que lo de «posibilidades casi infinitas» que os decía más arriba se ha quedado incluso corto.

Por comodidad

Un factor a tener muy en cuenta en un sofá, y aunque parezca obvio que todos deberían serlo, ¡no siempre es así! Y ojo, porque la comodidad es algo muy relativo y muy personal, y lo que para una persona es súper confortable, para otra resulta duro, y a una tercera le resulta blando. A mí este sofá me pareció muy cómodo todas las veces que lo probé, que fueron unas 10 en distintas épocas y distintas tiendas porque cada vez que pisaba un ikea me iba a probarlo… y ahora que lo tengo en casa me reafirmo en que este sofá es de lo más cómodo que he probado nunca.

Por los diseños de sus fundas

Tengo que reconocer que todavía le guardo un poco de rencor a Ikea por descatalogar la funda Isonda gris. Era sencillamente perfecta, llevaba años enamorada de ella, tanto por el tono de gris como la trama del tejido, y cuando la descatalogaron ya casi era mía… de hecho, descubrirlo fue un drama, pues lo descubrí yendo a comprar el sofá, apenas un mes antes todavía estaba a la venta, ¡lo había comprobado!

Pasado el disgusto inicial, no me costó mucho decidirme por el Orrsta gris claro, y es que otra de las ventajas de este sofá es que siempre tienen varios tapizados disponibles, y de hecho ahora tienen también disponible un gris medio, Tibbleby beis/gris. Tengo que deciros que el tono de Orrsta gris claro me parece un acierto total, pues es un gris claro muy bonito, que para mi gusto queda muy lucido, pero el nuevo gris se asemeja mucho a mi amado Isonda… y como ya estaréis sospechando, no me pude resistir y me lo compré «como funda de repuesto»… y ahora es la principal, porque me encanta cómo queda.

Y es que otra ventaja de los sofás kivik de ikea es que la variedad de telas y colores no deja de crecer. Además del Tibbleby, ahora está  disponible la gama Tresund en beige claro y en antracita, cuyo tejido tiene un detalle que me parece muy reseñable: está fabricado con algodón y poliéster 100% reciclado, y la textura queda con una trama muy definida que le da un toque bastante elegante. Pero de todas las novedades la que a mí más me ha llamado la atención es la Kelinge gris turquesa, un tono azulado-verdoso con textura acanalada tipo pana que le da al sofá un aire completamente diferente. Y si sois más de cuero, que sepáis que incluso hay una opción en piel Grann/Bomstad en negro. En fin, que entre tantas opciones y la facilidad de cambiar de funda cuando te apetezca, un Kivik puede pasar de ser un sofá gris discreto a convertirse en la pieza protagonista de tu salón solo con un cambio de tapizado, y eso me parece una ventaja enorme en un mueble que vas a tener muchos años, y más ahora que venden incluso reemplazos del relleno de asientos y respaldos.

Y ya para terminar, os enseño algo que llevo unas semanas dándole vueltas y necesito vuestra opinión. Porque resulta que la funda Kelinge gris turquesa me llamó tanto la atención que me tiene completamente enamorada,  y la tentación de darle un cambio de look al salón lleva un tiempo rondándome la cabeza. Así que se me ha ocurrido probar a ver cómo quedaría, y aquí os dejo la comparativa para que juzguéis vosotras mismas:

Decidme la verdad: ¿cambio las fundas al verde o sigo con mi gris de siempre? Porque viendo las fotos de prueba me han generado un mar de dudas, y aunque por momentos lo tengo casi decidido, me falta ese empujoncito (o ese «ni se te ocurra» a tiempo, que también vale). ¿Cambio o no cambio?

sofá ikea kivik Kelinge gris turquesa

¡Quién me mandaría ponerme a hacer pruebas de como quedaría, ahora son todo dudas jajajaja. ¿Qué hacemos chicas?

Estos son mis motivos para elegir kivik como mi sofá, ¿cuáles fueron los tuyos para elegir el tuyo?

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Una madre como tú
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