Seguro que las que sois madres os imagináis perfectamente el cuadro: viaje en tren con tu bebé en brazos. 4 horas por delante. Tú llevas preparada toda una batería de recursos y entretenimientos para que el viaje sea lo más ameno posible. Para él y para tí. Y entonces pasa lo inevitable: tu bebé empieza a llorar. Y a ti te recorre un sudor frío la espalda. Y quieres que la tierra se abra y te trague, porque sabes perfectamente que vas a ser el blanco de las iras de gran parte del pasaje.

Y entonces pasa esto:

tuit ofensivo lanzado por una pasajera de tren

De verdad os digo que comprendo el pensamiento. De hecho, creo que cuando comienzan los pucheros, la primera persona que piensa «Ofú, la que me espera…» es la madre.

Pero hay alguien que lo pensó incluso antes, concretamente al ver donde le metían y las caras «agradables» que le miraban. Y ese es el bebé.

Yo no sé qué pasa en ésta sociedad, que tanto molestan los niños. Porque esto ya viene de viejo, es algo que ha ido creciendo poco a poco, diría que al ritmo que ha descendido la natalidad. La polémica aparece cada cierto tiempo, anteriormente fueron los hoteles y los restaurantes sin niños. Y, qué queréis que os diga, a mí me parece estupendo, de hecho deberían hacerlo también con trenes, aviones, incluso con hospitales. Así el resto podríamos transitar los lugares comunes con total tranquilidad, sin tener que soportar miradas ofensivas, desaprobatorias, algunas incluso asqueadas, y así podríamos disfrutar y compartir en su lugar sonrisas comprensivas.

Eso sí, habría que hacerlo corrigiendo la denominación, que es claramente errónea. Hay que cambiar el «sin niños» por «para gilipollas antisociales».

Porque, vamos a ver. ¿En serio pensáis que a estos personajes – por decirles algo- sólo les molestan los niños? No hombre, también les molesta la abuela que se pasa todo el viaje repitiendo la misma historia. O el que se queda frito y se echa hacia tu asiento ocupando más parte del tuyo que del suyo. O de la que se ha vaciado el bote de Nº5 encima y te ahoga con su olor. O el tío pesado que aprovecha las 4 horas para intentar ligar.

Ahhhh, la sociedad, qué incomoda puede ser a veces, ¿verdad? Pero de esos no te quejas, a esos no les dices nada, claro… porque esos pueden defenderse. Y te llamarían gilipollas. Y si, ya sé que hay padres incompetentes y dejados, pero son una minoría, y no olvidemos que sus hijos no tienen la culpa, y además son los primeros damnificados, y eso no es motivo para poner mala cara tan pronto aparece un niño.

Quizás a la gente como tú, Laura, os vendría bien recordar que una vez fuisteis ese bebé que ahora te estropea el viaje. Y que ese mismo bebé será el que el día de mañana te atenderá cuando vayas al médico, dará fé cuando hagas testamento, te ayudará a tener una muerte digna en un hospital y se ocupará de que tus restos sean tratados con respeto. Quizás, solo quizás, cuando veas ese mismo trato despectivo hacia un ser querido comprendas que la empatía es un valor muy importante.

Y, ¿sabes qué, Laura? la empatía, como muchas otras cosas, es algo que no sólo enseñamos los padres. Es algo que se aprende de la sociedad. Ya sabes, «los niños ven, los niños hacen».

Ese bebé es el futuro, el tuyo y el de todos nosotros. Espero que seas capaz de recordarlo la próxima vez que un bebé tenga la desgracia de toparse contigo.

Del pésimo tratamiento que dais a la maternidad en tu serie, si eso, ya hablamos en otro momento.

stop niñofobia

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Madresfera ha creado un carnaval para recoger nuestras opiniones al respecto podéis leerlas aquí: Stop niñofobia en Madresfera

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Una madre como tú
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