La urticaria crónica es una enfermedad autoinmune que se manifiesta con ronchas, inflamación, picor y a veces incluso dolor en la piel. Y es una vieja conocida mía, ya que apareció en mi vida hace ya más de una década, y durante 5 años me hizo la vida imposible. Por eso hoy me quiero unir a la campaña #DaleLaVueltaALaUrticaria y hablaros de ella.

En mi caso la urticaria apareció poco a poco; un día me aparecieron unas leves ronchas bajo las cejas, que no parecían gran cosa, pero picaban un poco. No les di importancia. Pero no tardaron en hacerse más grandes, y en picar más, así que acudí al dermatólogo. Tras observar mi piel detenidamente, dijo que era sequedad, y me recetó una crema hidratante.  Le creí, usé la crema, pero aquello lejos de mejorar empeoró.

Con el paso de los meses empecé a tener brotes muy fuertes; mi cara se enrojecía, aparecía muy reseca e hinchada, y picaba muchísimo. Ya no sólo afectaba a la zona del párpado, la zona afectada se fue extendiendo hasta cubrir casi toda mi cara. Comenzó así mi ronda de visitas al médico de cabecera, que empezó recetándome un antihistamínico para aliviar el picor, y crema con corticoides para las lesiones. Además, me recomendó evitar al máximo tocar las zonas afectadas, pues el roce empeoraría las lesiones.

Cuando aparece una reacción de este tipo en tu piel, piensas que seguramente en unos días desaparecerá. Pero en mi caso no era así. No sólo no desaparecía, sino que empeoraba. Ni los antihistamínicos ni las cremas que me recetaba mi médico parecían hacer nada, y el picor aumentaba a cada día, hasta el punto de que me despertaba por la noche rascándome a dos manos como una desesperada.

Me envió al alergólogo, y también al dermatólogo, pero ninguno de ellos me dio solución a mi problema; el alergólogo dijo que claramente era una urticaria, y eso lo debía tratar el dermatólogo. El dermatólogo dijo que claramente era una alergia, y que eso no era cosa suya. Y yo los quise matar a los dos, pero me aguanté y seguí probando las cremas y antihistamínicos que mi médico me iba mandando.

Quizás pueda parecer que algo así no afecta demasiado a tu vida, tomas tratamiento y ya está. Pero afecta, afecta y mucho. Para empezar, tenía que aguantar el picor todo el día. ¿Recordáis el picor de una picadura de mosquito, esa comezón, y el instinto de rascar? Imaginaos toda la cara así, las 24 horas del día, sin que nada consiga aliviarlo ni un poco. Y pasan los días, las semanas, los meses, y nada cambia. Te acostumbras a vivir con ello, claro, y a relativizar, «hay cosas peores», pero por mucho que quieras ignorarlo es algo que está ahí.

El aspecto de mi cara era terrible en muchos momentos: verdaderamente parecía una careta de halloween. Estaba hinchada, muy arrugada, muy reseca. Tenía poco más de 20 años y mi piel  en muchos momentos aparentaba más de 60. Yo era de esas chicas que no salen sin maquillar ni a comprar el pan, y tuve que dejar de hacerlo por completo, pues cualquier cosa que me aplicaba en la cara aumentaba el escozor. Lo cual era una faena, porque el maquillaje era útil en determinados momentos para disimular un poco su aspecto… y yo trabajaba cara al público.  La zona más afectada era la de los ojos, y por temporadas estaba tan mal que parecía morada; tanto es así que llegaron a preguntarme, medio en broma medio en serio, si mi pareja me pegaba. ¿Cuánta gente lo pensaría y no me lo decía?

No me podía aplicar ninguna crema, no me podía maquillar, tenía que llevar las uñas exageradamente cortas y sin pintar (para evitar lesiones por rascarme dormida), aún así mi cara muchas veces era como un volcán en erupción: al rojo vivo, hinchada, vamos un horror.

Tuve una suerte muy grande y es que mis amigas me ayudaron mucho a relativizar el tema riéndome de él. Siempre me decían que no se notaba casi (mentían muy bien xD), cuando había alguna mejoría lo subrayaban mucho, y cuando empeoraba bromeaban con mi aspecto de abuela “cuando tengas 60 estarás muy guapa” o el aspecto morado “pareces la novia del yoyas”.

Un día, tras casi cinco años así, mi cara empezó a mejorar. Así, sin más. Ni siquiera estaba usando corticoides en ese momento, ya sólo tomaba antihistamínicos cuando tenía un brote que picaba demasiado. Pero mi piel empezó a curarse. Un día y otro mejor, hasta que se curó por completo. No me preguntéis qué sucedió, porque nunca lo supe, pero se curó y nunca más volví a tener ningún brote así. He tenido pequeños brotes, en los que mi cara enrojecía y picaba un poco, pero nada como aquello, ni en intensidad ni en duración. Y nunca supe qué había pasado… hasta que conocí #DaleLaVueltaALaUrticaria

Mis errores enfrentando la urticaria

Como os digo, cuando conocí esta campaña entendí muchas cosas.  Entendí qué había pasado con mi cara, porqué había aparecido y desaparecido así, y también entendí que había cometido varios errores:

1) Rendirme. Si, me rendí, sentía que nada hacía efecto, que los médicos no me hacían caso, así que me resigné y simplemente aprendí a convivir con ello. Hoy sé que debería haber insistido más con los especialistas, no acudir a mi médico de cabecera sino a ellos.

2) No buscar otros apoyos. Contactar con asociaciones como la Asociación de afectados por la Urticaria Crónica me habría ayudado a entender lo que estaba sucediendo, sentirme más apoyada, y quizás a encontrar médicos especializados en el tema que me dieran un tratamiento adecuado

Por qué tú debes conocer la urticaria

Quizás no lo sepas y tengas a tu lado a alguien peleando con la urticaria. Alguien que no diga nada, que te sonría, pero que por dentro esté pensando “¿se habrá dado cuenta de que mi piel mete miedo? ¿se pensará que tengo la sarna?” Preguntar, si se hace con tacto, siempre es de ayuda, pues nos  da la oportunidad de explicar lo que sucede, para después relajarnos y olvidarnos un poco del tema.

Tu comprensión y apoyo es muy importante en esos momentos. Darle su debida importancia, en otros momentos sacarle hierro, bromear, animar a buscar ayuda… a veces nos desesperamos y sólo queremos esconder la cabeza bajo tierra, como los avestruces. Tener apoyos es vital para sacarla y enfrentarse a la enfermedad.

 

Si tienes urticaria, pide ayuda

No te resignes, por suerte la medicina evoluciona, y, aunque hoy por hoy no tiene cura, cada vez se sabe más de la enfermedad, se conocen nuevos tratamientos, nuevos antihistamínicos, que pueden ayudarte a paliar los síntomas y sentirte mejor. ¡Anímate y no te rindas!

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Una madre como tú
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