Éste año, por primera vez desde que nació el peque, he disfrutado junto a él de un mes entero de vacaciones. Como el papi cogía menos días y lo hacía a final de mes, y agosto aquí es un asco horror, decidimos que el peque y yo nos iríamos a la playa y papi vendría a vernos los fines de semana… hasta que llegaran sus vacaciones.

Si me preguntáis que qué hemos hecho… pues hemos hecho ningún viaje, simplemente nos hemos ido a mi tierra, donde siempre tenemos una habitación esperándonos y unos brazos abiertos de par en par. Un destino sencillo, en la costa gallega, en un pueblito humilde junto al mar. Estoy segura de que a muchas el plan les tiraría para atrás, pero para mí han sido unas vacaciones de ensueño.

Decir que he sido la mujer más feliz del mundo se quedaría corto. Sé que muchas mujeres no lo entienden, pero para mí el poder disfrutar de ser mamá las 24 horas del día ha sido lo mejor del mundo. Me da igual que me llaméis retrógada, machista, lo que os dé la gana… ¿sabéis qué? No tenéis ni idea de lo que decís. Tengo un trabajo, un buen trabajo, de responsabilidad, estresante, bien pagado, motivador… y no le llega ni a la suela de los zapatos a la crianza de mi hijo.

Durante éste mes hemos jugado, bailado, subido, bajado, reído, llorado, saltado, nos hemos enfadado… juntos. Me he descubierto mucho más relajada y paciente que de costumbre, he descubierto que sólo tomándome las cosas con más calma puedo ser mejor madre, y es que mi día a día tiene una carga importante de estrés, y yo no me había dado cuenta de hasta qué punto me afectaba. He disfrutado cada día como si fuera el mejor de mi vida. Y  no es que fueran días de color de rosa, que somos personas reales, no personajes de ficción.  También me he enfadado, he hecho enfadar al peque, nos hemos regañado, nos hemos retado… esas cosillas que hacemos las familias. Pero con todas las luces y todas las sombras, poder compartir el día completo con mi hijo es algo que NADA puede superar.

Mi niño ya no es un bebé, y en este mes lo ha dejado muy patente. No se si ha sido casualidad, supongo que simplemente era lo que tocaba, pero he notado cambios sustanciales en su relación con otros niños, en su seguridad en sí mismo, en su desarrollo personal.  Y aunque me apene separarme de él, siento que ahora está preparado, que el momento es adecuado, y que disfrutará de la nueva etapa que comienza en el colegio.

Sin duda han sido las mejores vacaciones que podríamos haber soñado, aunque tenían la pega importante de que papi no haya podido vivirlas enteras con nosotros. Pero esa es otra historia, y será contada en otro momento.

Y tú, ¿has tenido unas vacaciones de ensueño?

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Una madre como tú
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